Militares

Francisco Miguel García-Almenta Dobón

Elespiadigital | Domingo 02 de diciembre de 2012

Un militar “rocoso” que supo enfrentar las turbulencias del 23-F

(…) vivió los controvertidos sucesos del 23-F como “segundo” del comandante José Luis Cortina, entonces al mando de la AOME (Agrupación Operativa de Medios Especiales), unidad que proporcionó apoyo técnico y logístico a los asaltantes del Congreso de los Diputados…

 



 

Un militar “rocoso” que supo enfrentar las turbulencias del 23-F

FRANCISCO GARCÍA-ALMENTA nació el 18 de diciembre de 1940. Ingresó en el servicio militar en enero de 1955 y alcanzó el empleo de teniente de Infantería en 1964.

Ascendió a capitán en diciembre de 1972, empleo con el que obtuvo el diploma de Estado Mayor del Ejército. Hasta su ascenso a comandante, producido en diciembre de 1981, tuvo prácticamente sólo dos destinos: primero en los servicios de información/inteligencia del Alto Estado Mayor y, a continuación, en el CESID, organismo que los absorbió cuando se creó en 1977. Esta es una etapa llena de oscuridad en la que García-Almenta estuvo a las órdenes directas de quienes, provenientes del “Alto”, constituyeron el denominado “núcleo duro” del CESID.

Destinado en este organismo, vivió los controvertidos sucesos del 23-F como “segundo” del comandante José Luis Cortina, entonces al mando de la AOME (Agrupación Operativa de Medios Especiales), unidad que proporcionó apoyo técnico y logístico a los asaltantes del Congreso de los Diputados.

Este episodio de su biografía, y en particular sus actuaciones como ejecutor de las órdenes de Cortina y sus posteriores declaraciones como testigo en el juicio correspondiente tratando de exonerarle, ha sido descrito con crudeza y profusión de detalles en diversos medios y reportajes informativos. Quizás, el más preciso sea el dossier titulado “Golpistas al poder” publicado por la revista “El Siglo” (nº 402, 21 al 27 de febrero de 2000), coincidiendo con el 19 Aniversario del 23-F, que, por otra parte, tampoco contemplaba su versión directa y personal del suceso.

Al respecto, se deben considerar dos circunstancias significativas. De una parte, el hecho de que, a pesar de estar claramente implicado en los sucesos del 23-F como nexo de unión entre su jefe y sus subordinados directos, ambas partes procesadas, él no lo fuera. Y de otra, su evidente complicidad en la estrategia defensiva del comandante Cortina, lanzando continuas “nubes de humo en su declaración”, en clara observación de Ricardo de la Cierva (“El 23-F sin máscaras”, Editorial Fénix, 1998), quien asegura también que “actuó como testigo a favor de una discutible coartada de Cortina en el proceso”.

De hecho, en el libro de Carlos Estévez y Francisco Mármol “Carrero: Las razones ocultas de su asesinato” (Ediciones Temas de Hoy, 1998), se reproduce, prácticamente sin más comentario, una hoja de las actas del Consejo de Guerra (quizás de las substraídas a las partes por la propia presidencia del Tribunal) con el “interrogatorio de preguntas que presenta el letrado Rogelio García Villalonga, postulando en nombre de su defendido el comandante de Infantería Don José Luis Cortina Prieto, para que a su tenor y previa declaración de pertinencia sea examinado el testigo capitán Don Francisco García-Almenta” (hoja OF 2077296, numerada a mano 6975). Como quinta pregunta, dirigida a quien durante los prolegómenos del golpe había actuado precisamente a las órdenes de Cortina, se demanda sin duda de forma pactada: “Diga como es cierto, sabe y le consta que ha sido frecuente el hecho de que vehículos del personal perteneciente al organismo al que está adscrito, hayan coincidido con acontecimientos de tan suma gravedad como los del atentado del almirante Carrero Blanco o del atentado contra el general Esquivias”

El resultado de aquella estrategia testifical fue perfectamente captado por los demás procesados. En continuidad argumental, en ese mismo libro sus autores narran lo siguiente:

… El mismo día y a la misma hora que el presidente Carrero Blanco fue asesinado, muy cerca de él y sin él saberlo se encontraba un coche camuflado ocupado por agentes de la Unidad Operativa de la “Segunda Bis”, perteneciente al Alto Estado Mayor. Cuando el coche de Carrero salta por los aires en la calle Claudio Coello, la unidad de inteligencia recibe la orden de volver a su centro de operaciones y no hacer acto de presencia en la zona, y cuando los integrantes del equipo cruzan la puerta del centro de Operaciones Especiales comentan: “Nos lo hemos llevado puesto, menudo agujero hemos hecho”. Estas palabras que se prestan a pocas interpretaciones han sido recogidas literalmente de quien nos lo ha contado, alguien que se encontraba en ese lugar en aquel momento.

Recientemente otro militar implicado en el intento de golpe del 23-F, el comandante Ricardo Pardo Zancada, quien también estaba en aquellas fechas en el SECED a las órdenes de San Martín, en la presentación de su libro “23-F: La pieza que falta” aseguró que en el transcurso del consejo de guerra de Campamento “sonó como un trallazo cuando el comandante Cortina (de los Servicios Operativos Especiales del CESID), al ser preguntado por la presencia de coches de los servicios aquella tarde en las inmediaciones del Congreso, respondió: También el día del asesinato de Carrero había coches en la calle”. Tras esa declaración que sonaba a clara amenaza, ningún miembro del Tribunal siguió insistiendo en el tema. Cortina resultó absuelto ante el asombro de todos.

Lo más llamativo del caso no sería el apoyo testifical prestado por el entonces capitán García-Almenta a su superior y amigo, hasta cierto punto comprensible, ni tampoco la legítima estrategia defensiva de éste en todos sus términos, sino que ambos compartieran destino en la Tercera Sección de Información del “Alto” el 20 de diciembre de 1973, fecha del asesinato del almirante Carrero Blanco, que tanto juego pareció darles para salvaguardar su impunidad en los sucesos del 23-F.

En relación con la habilidad de Cortina para plantear su defensa en el Consejo de Guerra del 23-F, controlando la carga política de las declaraciones realizadas por los agentes bajo su mando implicados en aquellos hechos, como la del entonces capitán Francisco García-Almenta, también conviene considerar el perspicaz comentario recogido por Alfredo Grimaldos en su libro “La CIA en España” (Editorial Debate, 2006). Con el significativo título parcial de “La amenaza de José Luís Cortina”, describe una escena del mismo verdaderamente reveladora que, incluso, llega a estremecer:

Durante una de las sesiones del juicio contra los militares golpistas implicados en el 23-F sucede un hecho inquietante. Desde primeras horas de la mañana, el comandante José Luís Cortina, uno de los cerebros coordinadores del golpe, en su calidad de jefe de la AOME, es sometido a un duro interrogatorio por el fiscal, que le acorrala con sus preguntas sin dejarle escapatoria. Cortina, cada vez más nervioso, no encuentra ningún resquicio por donde escabullirse, pero de repente, suena la campana salvadora. Es la hora de comer y se hace un pequeño receso.

Cortina sale disparado hacía el teléfono y marca un número con ansiedad. Un miembro de los servicios de información controla la conversación. En determinado momento, indignado, el comandante procesado le dice a su interlocutor: “Como siga este tío así, saco a relucir lo de Carrero”. “Y a partir de ese momento, la cosa cambia por completo”, explica un antiguo oficial de inteligencia. “Cuando se reanuda la sesión, el tono de las preguntas es muy distinto, como si hubieran cambiado al fiscal, que sigue siendo el mismo. Sólo les falta hablar del tiempo. Esto se comprueba perfectamente en las actas del Consejo de Guerra. Y la conversación telefónica de Cortina está certificada”. Al final del juicio, el presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar que preside el Consejo de Guerra, el teniente general Federico Gómez de Salazar, manda hacer una serie de copias de las actas, pero después hay una contraorden y decide no distribuírselas a ninguna de las partes. Otra irregularidad cometida por razón de Estado. Pero alguien habilidoso consigue hacerse con una de esas copias, la única que falta, y en ella se puede comprobar perfectamente la evolución del interrogatorio de Cortina. Cuando se produjo el atentado contra Carrero, José Luís Cortina estaba destinado en los servicios de inteligencia del Alto Estado Mayor. Su secreto debía de tener mucho peso: la sentencia del Consejo de Guerra le absolvió de todos los cargos.

Aunque García-Almenta salió legalmente airoso de la intentona golpista del 23-F, incluso más que Cortina porque ni siquiera llegó a ser procesado, sus evidentes implicaciones en aquel trance derivaron en su inmediato cese en el CESID. Ya ascendido a comandante, ocupó destino en el Estado Mayor de la División Acorazada “Brunete” nº 1, reconduciendo definitivamente su vida profesional en actividades netamente militares.

Como teniente coronel mandó el Batallón de Operaciones Especiales de La Legión (BOEL) desde noviembre de 1990 hasta su ascenso a coronel en julio de 1992. Con ese empleo fue destinado primero a la Escuela Superior del Ejército, obteniendo más tarde, el 11 de diciembre de 1993, el mando del Regimiento “Castilla” nº 16. En septiembre de 1994, fue nombrado jefe de la Agrupación “Extremadura” que participó como quinto contingente español en la misión humanitaria destacada a Bosnia-Herzegovina, relevando a la Agrupación “Córdoba”.

No sin despertar ciertos recelos entre algunos compañeros de armas, puede que contrariados en sus propias aspiraciones profesionales, y sin duda en medios políticos e informativos, el Gobierno presidido por José María Aznar le ascendió a general de Brigada en abril de 1997, otorgándole en abril de 1998 el mando de la Brigada de Infantería Acorazada “Guadarrama” XII, integrada en la emblemática División “Brunete” y con base en el campamento de El Goloso (Madrid). Con esta unidad, García-Almenta volvió a participar, en 1998, en misiones dentro de la antigua Yugoslavia, relevando a la Brigada “Castillejos”.

Los antecedentes del 23-F, han llevado inevitablemente a que su acceso al generalato y la importancia de sus últimos destinos, con base curricular evidente, se hayan podido entender también gracias a una inteligente administración de algunas claves secretas sobre aquel intento de golpe de Estado y de su silenciosa colaboración para sustraerlas de la verdad histórica, acompañada, por supuesto, del respaldo del clan de los militares antiguos colaboradores de GODSA.

El espectáculo político, y hasta el desencanto de algunos militares que aún conservaban cierta memoria histórica sobre aquella clara trasgresión del orden constitucional, llegó a su cenit el 12 de octubre del año 2000 en Madrid, coincidiendo con la Fiesta Nacional. Su celebración incluyó una llamativa parada militar presidida por el rey Juan Carlos I que contaba, por primera vez, con fuerzas del Cuerpo de Ejército Europeo. Los dos mandos más significados de aquellas fuerzas en revista, caracterizados como sucesor y ayudante, respectivamente, del comandante Cortina en el CESID más polémico y cuestionado, eran el teniente general Juan Ortuño (que desfiló al frente de la representación del EUROCUERPO) y el entonces general brigadista Francisco García-Almenta (que lo hacía, como en otras ocasiones anteriores, al frente de la Fuerza Terrestre).

Casado con María del Carmen Alonso Bada, ha sido distinguido con diversas condecoraciones, entre ellas la Gran Cruz del Mérito Militar y la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

FJM (Actualizado 30/05/2009)

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