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Alexander Dugin

En estos momentos se está produciendo un incremento de la rusofobia en todos los países de la CEI, por lo que nos preguntamos: ¿por qué sucede tal cosa ahora? El problema de las relaciones interétnicas es un tema bastante espinoso que tiene muchas variables y lo podemos encontrar en diversas sociedades. De vez en cuando adquiere proporciones catastróficas y llega a desencadenar enfrentamientos y pogromos, y en el peor de los casos puede convertirse en guerras a gran escala.

En otras ocasiones se trata simplemente de enfrentamientos domésticos. En todo caso, si el propósito que se tiene es desestabilizar a la sociedad, entonces la promoción de los conflictos interétnicos es sin duda el medio más conveniente ya que prácticamente es universal.

Los medios de comunicación desempeñan un papel muy importante aquí, especialmente cuando tienen como objetivo alimentar estos conflictos. Un atropello cotidiano – como una borrachera, una lucha familiar o una crisis mental – pueden convertirse fácilmente en un problema bastante grave.

Tomemos como ejemplo un movimiento en contra de los accidentes de tráfico. Imaginemos que impacto tendría que fueran filmados y aparecieran en la televisión imágenes de accidentes que involucren cuerpos destrozados, sangre por todos lados, partes de cuerpos desencajadas y piezas de autos destruidas que matan a desafortunados niños, animales domésticos y ancianos. Semejantes videos serían publicados en las redes, mientras que todo lo accidente automovilístico es cuidadosamente documentado. Tras un mes de campaña, se aprueba en varias ciudades una ley que prohíbe el uso de coches. Y los que se resisten en contra de ello se arriesgan a ser linchados públicamente.

Algo como eso no sucede simplemente porque la industria automovilística gana inmensas cantidades de dinero.

Lo mismo ocurre con los conflictos interétnicos. Si se lleva a cabo un registro meticuloso de los mismos, se los difunde en las redes y se informa constantemente sobre ellos, hasta el punto de que son discutidos y analizados todo el tiempo, resulta lógico que finalmente produzcan verdaderos enfrentamientos y se produzcan guerras.

El incremento de la rusofobia en los países de la CEI ha sido difundido de esta manera. Claro, es obvio que siempre han existido esta clase de fricciones. Siempre han sido parte de nuestra realidad y cuando colapso la URSS fuimos testigos de limpiezas étnicas y genocidios de la población rusa en muchos países de la CEI. La escala de estos conflictos es mucho menor hoy, ya que millones de rusos huyeron en su momento de estos territorios y también porque las autoridades de los países de la CEI descubrieron que tales conflictos no eran rentables. Por supuesto, los nuevos países que surgieron del colapso de la URSS comenzaron a construir Estados nacionales en los que el idioma es muy importante. No obstante, estos conflictos pueden ser resueltos gradualmente y de forma normal. Esto es lo que normalmente hacen países como Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán.

Sin embargo, aparecen constantemente en las redes rusas vídeos virales en los que vemos a habitantes del Asia Central humillar de forma sistemática a los rusos. Estos videos son compartidos por los nacionalistas de varios países y provocan una ola de indignación por parte de los rusos. Entendemos el por qué de tal indignación, pues vemos como son insultados nuestros hermanos y hermanas rusos. Pero al mismo tiempo olvidamos los epítetos que usamos para calificar a los inmigrantes que vienen de estas repúblicas tales como trabajadores temporales o inmigrantes ilegales. Claro, ellos son una cosa y nosotros somos otra.

Es cada vez más común oír que pronto se producirá grandes pogromos en contra de los rusos que viven en el Asia Central y tenemos que hacer algo al respecto…

Pero, ¿por qué está sucediendo semejante cosa en estos momentos? Pienso que todo esto hace parte de una estrategia occidental que busca socavar la integración del espacio euroasiático. Es obvio que la influencia de Occidente en las repúblicas de Asia Central es cada vez menor. Por el contrario, Rusia se ha venido consolidando como un polo independiente. El prestigio de Occidente se encuentra por el suelo después de que Estados Unidos se retirara de Afganistán. Además, Asia Central enfrenta la amenaza de expansión de los talibán por toda la región. Sin embargo, Rusia puede ayudar a contener esta expansión en Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Esto también se aplica al caso de Kazajistán. Por supuesto, los rusos deben exigir algo a cambio, como por ejemplo la integración estratégico-militar del espacio euroasiático. Es por eso que vemos a los nacionalistas turcos creando canales donde se montan videos que muestran a los rusos siendo humillados sistemáticamente por los habitantes de Asia Central o a valientes activistas y defensores de los derechos humanos siendo arrestados en Kazajistán por defender a los rusos. Sin embargo, los nacionalistas rusos le pagan con la misma moneda a los turcos y escuchamos como son expulsados de varios países grupos de inmigrantes ilegales. Solo basta comentar semejante expulsión de una determinada manera y de repente este problema se convierte en una avalancha de nieve imparable.

Así es como funcionan las guerras híbridas. El objetivo es minar y socavar la influencia de Rusia en el espacio euroasiático. La estrategia consiste en explotar las tensiones interétnicas como la rusofobia y nacionalismo ruso. El medio es usar las redes sociales, los medios de comunicación y toda una serie de procesos políticos redundantes que están diseñados para reforzar esta tendencia. En las guerras híbridas no sólo juegan un rol importante los agentes oficiales, sino también los nacionalistas de extrema derecha. Se utilizan tanto a las personas sinceras como a las emociones humanas (el deseo de hacer justicia y proteger a los suyos) como herramientas con tal de alcanzar por cualquier medio necesario los objetivos que se tienen. Moscú ha empezado a atacar a sus aliados de Asia Central y ellos responden de la misma manera, por lo que se pone en duda la integración regional. Occidente, en medio de estos tiempos caóticos, ha cumplido su misión.

Este ha sido el mismo escenario que hemos visto producirse en Ucrania, los países bálticos y Moldavia. ¿O acaso ya hemos perdido la memoria?

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