Juan Manuel de Prada

No hay en estos días cretino sistémico que no invoque, con insistencia de lorito, la «unidad», que es asimismo la palabra talismán que los negros del doctor Sánchez introducen en cada una de las frasecitas ineptas que lee en el teleprónter.

Pero, ¿de qué unidad hablan estos miserables? Pues la unidad en torno a un ideal de virtud política o social y en torno a la persona que lo encarna es, en efecto, argamasa del bien común. Pero cuando la unidad no se funda en torno a este ideal encarnado se convierte en unidad de hormiguero, tumultuosa y amorfa; o, todavía peor, en un simulacro o parodia de unidad, mucho más perniciosa (por fundarse sobre la mentira) que la neta división.

El doctor Sánchez no puede encarnar ningún ideal por la sencilla razón de que es un «hombre sin atributos», una nada devoradora, un no-lugar anegado por el vacío. Para ilustrar esta evidencia filosófica, basta escuchar el mensaje que dirigió a los atribulados españoles la noche del sábado, de una vacuidad sobrecogedora y un lugarcomunismo pestífero, por supuesto sazonado de lenguaje inclusivo (que a estas alturas de la hecatombe, que no distingue de sexos, resulta nauseabundo). Especialmente abyectos e inanes fueron los pasajes de su discursito en que se dedicó, con los cadáveres amontonándose en los hospitales, a glosar -con complacencia, delectación y orgullo de botarate- el incremento en el consumo de interné (que, sin duda, juzga muy provechoso para sus intereses, pues mantiene a las masas entretenidas y amancebadas con su mano, a la vez que apartadas de las inquietudes espirituales que podrían salvar sus almas). Resulta, en verdad, escalofriante que reclame unidad un tipo que se ha dedicado a destruir sistemáticamente el alma de la polis, que -como nos enseña Donoso- exige «la unión de las inteligencias en lo que es verdad, la unión de las voluntades en lo que es honesto, la unión de los espíritus en lo que es justo». Un tipo que aboga por una falsa unidad fundada en la mentira, la deshonestidad y la injusticia.

Los gobernantes perversos no pueden crear unidad y tampoco reclamarla. No pueden invocar la unidad gobernantes perversos que nos exhortaron criminalmente a participar en manifestaciones al servicio del globalismo, a sabiendas de que favorecerían la propagación del virus. No pueden invocar la unidad gobernantes perversos que no han provisto a nuestros médicos y asistentes sanitarios de trajes profilácticos. No pueden invocar la unidad gobernantes perversos que infringen las cuarentenas que ellos mismos han decretado y ocultan los contagios que se han producido en su propia familia. No pueden invocar la unidad gobernantes perversos que, a traves de sus portavoces planchabragas, mienten descaradamente a los españoles, o farfullan incoherencias irresponsables. No pueden invocar la unidad gobernantes perversos que convocan caceroladas siniestras, para exacerbar el resentimiento y las bajas pasiones entre los españoles, convirtiéndolos en alimañas sedientas de venganza. No pueden invocar la unidad gobernantes perversos que, en lugar de confinar y aislar a la población vulnerable y exhortar a la población sana a compartir los esfuerzos y los riesgos, facilita la reclusión de aquella parte de la población que puede permitírselo, mientras las personas dedicadas a la producción y distribución de bienes de primera necesidad (que, además, son las peor remuneradas) quedan expuestas al contagio.

La única unidad decente es la del pueblo que clama contra los gobernantes perversos y logra que expíen sus conductas criminales. Pido a Dios que me permita ver esta unidad del pueblo contra sus enemigos.

Fuente: ABC

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