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Aunque China sigue pidiendo a EE.UU. remover las sanciones, aranceles y el bloqueo tecnológico impuestos por Washington en los últimos años, los expertos aseguran que, con estos, el país norteamericano ha conseguido lo que el Gobierno chino no había logrado: alinear los objetivos de las empresas privadas con la meta gubernamental de la autosuficiencia económica.

El endurecimiento de las restricciones comerciales por parte de Estados Unidos desde el 2018 amenazó la viabilidad de algunas de las empresas más grandes de China, y esto alarmó a Pekín, obligando a las empresas del gigante asiático a reinventar la tecnología estadounidense a la que ya no podían acceder.

Made in China 2025

Algunos analistas señalan a 'Made in China 2025', el proyecto de 10 años de Pekín para transformar el país en una "potencia manufacturera mundial", como el detonante de la guerra tecnológica cuando se anunció en el 2015.

Pekín pretende dominar con dicho plan industrias como la robótica, la tecnología de la información avanzada, la aviación y los vehículos de nueva energía.

"En la saga de la rivalidad económica entre Estados Unidos y China, 'Made in China 2025' se perfila como el villano central, la verdadera amenaza existencial para el liderazgo tecnológico estadounidense", indica Lorand Laskai, investigador asociado del Consejo de Relaciones Exteriores, ONG basada en Nueva York.

El plan identifica 10 segmentos de la industria de alta tecnología en los que las empresas chinas deben hacer un gran avance para lograr la "autosuficiencia mediante la sustitución de tecnología, al tiempo que se convierte en una 'superpotencia manufacturera' que domina el mercado mundial en industrias críticas de alta tecnología", agregó Laskai.

Asimismo, señala que esto podría ser un "problema" para los países que dependen de la exportación de productos de alta tecnología o de la cadena de suministro mundial de componentes de alta tecnología.

Medidas tomadas en la era Trump

Bajo el mandato del expresidente Donald Trump se impusieron sanciones a empresas chinas, que las obligó a dejar de depender de los semiconductores estadounidenses. Asimismo, en el 2018 la administración endureció los procedimientos para hacer frente a la inversión extranjera en empresas nacionales.

Cuando la administración Trump prohibió la venta de componentes críticos fabricados en EE.UU. a la empresa china de telecomunicaciones ZTE, esta suspendió sus operaciones principales. Fujian Jinhua, fabricante chino líder de chips de memoria, también terminó en la 'lista negra' de Washington.

Este "derramamiento de sangre alcanzó su punto máximo en los últimos meses de la presidencia de Trump. Para entonces, el Departamento de Comercio de EE.UU. había agregado las empresas chinas DJI, Hikvision, Huawei y Semiconductor Manufacturing International Corporation a la lista de organizaciones que tienen acceso restringido a la tecnología estadounidense por razones de seguridad nacional o política exterior", señala Dan Wang, analista de tecnología en Gavekal Dragonomics.

Wang indica que al imponer restricciones a los productos industriales estadounidenses fabricados en China, el Gobierno de EE.UU. "ha hecho inadvertidamente más que cualquier directiva del partido para estimular la inversión privada en el ecosistema tecnológico de China".

En camino hacia la autosuficiencia

Aunque China impuso aranceles en represalia al principio, la principal respuesta para reducir el impacto de las sanciones impuestas fue el llamamiento de los altos dirigentes a la acción para impulsar la autosuficiencia tecnológica.

En verano del 2018, el presidente Xi Jinping dijo que China debe mantenerse en el camino de la autosuficiencia en medio del creciente unilateralismo y proteccionismo en el mundo actual.

Después de que a varias empresas chinas como Huawei o Semiconductor Manufacturing International se les restringiera la compra de alta tecnología estadounidenses por sus presuntos vínculos con el Ejército chino, Pekín intensificó su objetivo de lograr la autosuficiencia en materia de semiconductores.

En el 2019, el Gobierno chino ofreció al sector de los chips una serie de políticas favorables: desde rebajas fiscales hasta subvenciones estatales para cualquier nueva planta capaz de producir chips en el nodo de 28nm o inferior, con el fin de acelerar el desarrollo de su industria de semiconductores.

"Creo que el énfasis en la autosuficiencia en las tecnologías centrales no podría llegar en un mejor momento, dada la guerra tecnológica de Estados Unidos y encabezará una oleada de políticas de apoyo para la investigación y el desarrollo de muchos sectores tecnológicos centrales", dijo Tian Yun, subdirector de la Asociación de Operaciones Económicas de Pekín, en declaraciones al Global Times, y señaló que las nuevas estrategias reflejan los profundos desafíos que enfrenta China tanto a nivel interno como en el extranjero.

Análisis: La Ruta de la Seda/Litio de China en Suramérica y la trágica ruta migratoria Norteamérica

Alfredo Jalife-Rahme

Más que una anhelada integración de América Latina, parece que dicha entelequia se encamina a una fractura de corte geoeconómico. Así, Uruguay procura un acuerdo de libre comercio con China, que busca el litio de Chile y Perú; mientras, EEUU, en plena crisis doméstica y foránea, no sabe abordar la grave crisis migratoria pese a la ayuda de México.

La debilidad foránea —la debacle de la evacuación en Afganistán— y doméstica —resiliencia de la pandemia del COVID-19, colisión con los gobernadores republicanos antiaborto y exacerbación de la crisis migratoria transfronteriza— le ha abierto varias grietas a EEUU. Es justo allí donde penetra su rival estratégico, China, que no solamente intenta cooperar con el nuevo régimen de los talibanes en Afganistán, con litio y tierras raras, sino que también acelera su penetración en América Latina, lo cual ya estaba escrito en el muro desde hace casi 10 años, como abordé en mi libro China Irrumpe en Latinoamérica ¿Dragón o Panda?.

Los medios chinos comentan que la segunda y más reciente llamada telefónica de Biden, a instancias de este, a Xi Jinping expone la "creciente angustia de EEUU" en varios temas multilaterales. Se evidencia cuando el eje anglosajón de EEUU y Reino Unido, once días después de la caída de Kabul, coloca "tres portaviones con docenas de aviones F-35 de EEUU cerca de China; haciendo escalar tensiones por Taiwán". El grupo de tres portaviones, con dos cubiertas planas estadounidenses y una británica, se encuentra entre las formaciones navales más poderosas que han aparecido en cualquier lugar del mundo en muchos años, según Forbes.

Las comunicaciones, de nueva cuenta a instancias de EEUU, tanto del secretario de Estado, Antony Blinken, como del zar estadounidense del cambio climático, John Kerry, con el canciller chino, Wang Yi, han cobrado mayor vigencia en fechas recientes.

Una de las grietas que se ha ensanchado y que venía abierta desde hace 5 años, que favorece la mayor penetración de China al concepto tambaleante de América Latina —que se ha dividido desde el punto de vista geoeconómico en Norteamérica, con su flamante T-MEC; Centroamérica, con su inoperante bloque CAFTA; y Sudamérica, que aprecian más los geoestrategas brasileños y que enarbola el bloque de Mercosur— ahora se ha exhibido en forma espectacular con el pequeño país de Uruguay que ha avanzado en sus negociaciones para establecer un tratado de libre comercio con China.

En paralelo, China ha penetrado en por lo menos nueve países de Latinoamérica y, en particular, ha puesto su mira en el litio de Chile y Perú, después de su intento fallido en Bolivia, donde el golpe de Estado incitado por el entonces presidente Trump lo sacó de la jugada.

Cabe recordar las tres recientes giras de la vicepresidenta Kamala Harris a Centroamérica, la de Antony Blinken a Costa Rica, y la de la amazona subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, a Paraguay, Panamá y El Salvador, donde buscaba imponer su modelo ucraniano en la región.

Uruguay —de un tamaño un poco menor al estado mexicano de Sonora, con 3,4 millones de habitantes y cuyo PIB era de 55.710 millones de dólares en 2020— comporta una situación estratégica por sus 1.050 km de frontera con Brasil y 541 km con Argentina.

Su capital, Montevideo, es un centro financiero de primer orden en Sudamérica, sin llegar a los tamaños pantagruélicos de Sao Paulo, Brasil.

Con sus dos relevantes fronteras —respectivamente primer y segundo PIB de América del Sur— conforma el bloque geoeconómico Mercosur con el otro diminuto país de Paraguay —2,3 veces mayor a Uruguay, con 7,3 millones de habitantes y un PIB de casi 35.880 millones de dólares—. Llama la atención que Uruguay, pese a tener una menor extensión territorial y prácticamente la mitad de los habitantes de Paraguay, exhiba un PIB superior.

Las negociaciones de Uruguay con China han sacudido al Mercosur en sus entrañas.

El objetivo de Uruguay es no solamente exportar más carne, soja y algodón a China, sino también posicionarse como la puerta de entrada de China en las entrañas del Mercosur.

La audaz postura del presidente uruguayo Luis Lacalle —quien, en realidad, continúa las negociaciones de su antecesor— ha creado fuertes tensiones con los otros tres miembros del bloque: Argentina, Brasil y Paraguay.

En particular, el ministro de Desarrollo Productivo de Argentina, Matias Kulfas, señaló que Uruguay no podía realizar acuerdos bilaterales con China fuera del Mercosur, al menos que se salga del bloque geoeconómico.

Lo real es que, en caso de conseguir su tratado de libre comercio con China, Uruguay será el tercer país de Sudamérica en hacerlo, al unísono de Chile y Perú.

Se trata de un alto realismo geoeconómico, ya que China es hoy el principal socio comercial de Uruguay, a quien le compra 30% de sus exportaciones, que incluye 56% de su carne (su principal exportación), según Reuters.

En la otra parte de la llamada Norteamérica, un concepto geoeconómico y estratégico enunciado por Robert Pastor, yerno de Robert McNamara, anterior secretario de Defensa de Kennedy y expresidente del Banco Mundial, se exhibe su veto implícito contra China en el tripartita T-MEC, impuesto bajo fuertes presiones del expresidente Trump.

Falta ver si serán reales las promesas de EEUU a México emitidas durante la reanudación del Diálogo Económico de Alto Nivel —boicoteado por Trump—, celebrado en Washington, para detener y solucionar la tragedia migratoria en las dos fronteras norte y sur de México.

El oleaje humano de varios países de Latinoamérica, que atraviesa el triángulo norte de Centroamérica —El Salvador / Honduras / Guatemala— ha agujereado las fronteras de México y EEUU cuyas autoridades han sido desbordadas.

Al parecer, EEUU adoptó la postura mexicana con programas de creación de empleo en Centroamérica y, también al parecer, con los afligidos estados del sur de México, como Chiapas.

La parte estadounidense se centró más en la creación de las cadenas de suministro (léase: inversiones sectoriales), en particular, con la manufactura de semiconductores que aprovechan la muy barata mano de obra mexicana.

Todavía los dos países se tienen que poner de acuerdo para detallar las partes de semiconductores que serán fabricadas en México y/o EEUU.

La parte mexicana cantó victoria, mientras EEUU descolgó sus polémicos cuatro pilares:

1- Construyendo juntos de nuevo, que versa sobre su obsesión a la "cadena de suministros", además de la muy esperada modernización de la frontera común;

2- Desarrollo social y económico sustentable del sur de México y Centroamérica, con el fin de detener las causas económicas de la migración;

3- Ciberseguridad;

4- Desarrollo de la fuerza laboral.

Seguramente la Administración Biden habrá tomado muy en cuenta las tendencias del nuevo censo de EEUU, donde los mexicanos van en un ascenso exponencial demográfico, al unísono de la contracción poblacional de los WASP (White AngloSaxon Protestant: blancos, protestantes y anglosajones, en español).

En realidad, con los 4.000 millones de dólares —se ignora si son anuales o de por vida, ya que no se especifica nada— de inversiones que ha prometido la Administración Biden, muy difícilmente podrán mitigar o detener la masiva migración latinoamericana / caribeña / centroamericana que ha encontrado sus propias grietas de penetración humana para asentarse en EEUU.

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