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El presidente de Chipre, Nicos Anastasiades, su homólogo egipcio, Abdel Fattah al Sisi, y el primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, tras una cumbre celebrada este 21 de octubre en Nicosia, han emitido una declaración conjunta para condenar las actividades de exploración de Turquía en las aguas en disputa del Mediterráneo oriental, así como la "creciente militarización de la zona, que amenaza la estabilidad, la paz y la seguridad en general en el mar Mediterráneo".

En este contexto, los líderes de los tres países condenaron enérgicamente "las operaciones sísmicas y de perforación ilegales de Turquía en la Zona Económica Exclusiva" de Chipre, que fue delimitada "de conformidad con el derecho internacional, entre la República de Chipre y la República Árabe de Egipto, mediante el Acuerdo de Delimitación de la ZEE del 2003.

"También condenamos las continuas violaciones del espacio aéreo nacional griegode las aguas territoriales en el mar Egeo y las actividades ilegales de Turquía en áreas que caen dentro de la plataforma continental de Grecia, en contravención del derecho internacional", reza la declaración conjunta.

Dicho documento se emite poco más de una semana después de que Ankara decidiera enviar su barco de exploración sísmica Oruc Reis al mar Mediterráneo oriental. Entonces, Grecia criticó la decisión del Gobierno turco, calificando la medida de "amenaza directa a la paz y la seguridad en la región" que demuestra que Turquía sigue siendo "poco fiable" y no está dispuesta a participar realmente en el diálogo entre las partes involucradas.

Turquía rechaza las exigencias de cesar la exploración en el Mediterráneo Oriental

ANKARA (Sputnik) — Turquía rechazó la exigencia conjunta de Egipto, Grecia y Chipre de cesar la exploración geológica en las áreas en disputa en el Mediterráneo Oriental, según un comunicado del Ministerio de Exteriores turco.

El 21 de octubre, los líderes de Egipto, Chipre y Grecia, en una cumbre en Nicosia, exigieron que Turquía cesara la exploración en la zona económica exclusiva de Grecia y Chipre.

"Rechazamos rotundamente la declaración adoptada al término de la cumbre Egipto-Grecia-Chipre, que, como en anteriores reuniones tripartitas, se basa en acusaciones infundadas contra nuestro país", dice la nota.

La Cancillería señala que "una verdadera cooperación en el Mediterráneo Oriental se puede lograr solo con un enfoque inclusivo que cubra a todos los países costeros con la participación de turcochipriotas".

"Continuaremos defendiendo resueltamente nuestros propios derechos y los derechos de los turcochipriotas en el Mediterráneo Oriental", añade el comunicado.

A finales de noviembre de 2019 Turquía y el Gobierno libio de Fayez Sarraj firmaron un memorando de entendimiento sobre zonas marítimas. Turquía publicó un mapa de zonas marítimas "habida cuenta del memorándum turco-libio", según el cual una parte significativa de las aguas que Grecia considera como su zona económica exclusiva son aguas de Turquía.

Grecia acusa a Turquía de violar los derechos soberanos de Grecia y de intentar cambiar el mapa de la zona económica exclusiva. Ankara señala que el memorando se basa en el derecho internacional.

Las relaciones entre Turquía y Grecia se agravaron drásticamente después de que Ankara reanudara en agosto la exploración sísmica en el Mediterráneo Oriental en respuesta a la firma de un acuerdo de delimitación de fronteras marítimas entre Grecia y Egipto, que Turquía calificó de ilícito y no válido.

Ankara también lleva a cabo prospecciones en un área que Chipre considera como su zona económica exclusiva.

Las relaciones turco-egipcias se deterioraron tras la destitución del presidente egipcio Mohamed Morsi en julio de 2013. El mandatario turco Recep Tayyip Erdogan condenó las acciones de los militares egipcios contra los partidarios del presidente derrocado.

Análisis: Erdogan sienta Turquía a jugar en el gran tablero geopolítico, ¿a qué precio?

Albert Naya

La Turquía de Recep Tayyip Erdogan está cada vez más lejos de la del fundador de la República turca, Mustafa Kemal Atatürk, y su lema "paz en casa, paz en el mundo". En los últimos cinco años, Erdogan ha pasado a decantarse por acumular conflictos fuera de sus fronteras: en Irak, Siria, Libia, el Mediterráneo Oriental y –recientemente– en Nagorno-Karabaj, la presencia turca se traduce en el envío de armamento, tecnología militar, fuerzas navales o efectivos militares, que muchas veces vienen en forma de fuerzas 'proxy', o incluso en la construcción de bases militares.

Los números confirman que el gasto militar turco ha aumentado un 86% durante la última década hasta alcanzar los 20.400 millones de dólares en 2019, según el propio Gobierno. Esas cifras no solamente confirman una tendencia belicista al alza, también reservan al presidente turco una plaza en la mesa de los grandes poderes globales. Pero todo tiene un precio: la diplomacia dura que Turquía está empleando ya provoca confrontaciones con Estados Unidos, Francia y Rusia.

El país eurasiático ha pasado de mantener un papel discreto a volverse cada vez más beligerante. En la región de Oriente Medio –desde la década de 1990– se han instalado hasta tres bases en el norte de Irak para hacer frente a la guerrilla kurda, donde el Partido de los Trabajadores del Kurdistan (PKK) opera y entrena a sus milicias, consideradas terroristas por Ankara. El caos en Siria también propició la formación de una oposición leal al gobierno turco y contraria al Ejército de Basar Al Assad, a las milicias kurdas y a los terroristas del autodenominado Estado Islámico.

De hecho, la guerra de Siria significó la entrada del actor turco en escena contra poderes tan establecidos como Rusia o los Estados Unidos. Y desde que Washington abandonase a las milicias kurdas en el norte de Siria, lo que Turquía aprovechó para su intervención militar Manantial de Paz en 2019 contra los kurdos, el poder norteamericano en la región ha dado una imagen pasiva. Pero el posible desinterés viene de antes. "La actual administración de Estados Unidos ha perdido interés en la zona y esto ha provocado un vacío de poder que están aprovechando otros países", apunta la consultora NAR Research, especializada en Oriente Medio, a El Confidencial.

El cambio de paradigma en una Administración norteamericana que tenía una presencia muy activa en la región es notable. Por lo que añaden que la creciente independencia energética -especialmente por el desarrollo del fracking- ha hecho que Washington se desentienda de ciertos escenarios volátiles de Oriente Medio relacionados con el aprovisionamiento de hidrocarburos. El Kremlin es uno de los ganadores en este vacío de poder, afirman desde Nar Research, pero otros jugadores, entran en el terreno: "Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Francia están buscando sustituir esta influencia –de Estados Unidos– incrementando sus posiciones en Oriente Medio y en las vías que van a parar al Índico -el Mar Rojo y el Golfo Pérsico-, y el Mediterráneo". Y en este último punto es donde Erdogan ya ha dejado claro que tiene algo que decir.

En cuanto al socio primordial de Estados Unidos en Oriente Medio, Israel, destacan que “las nuevas alianzas con algunas monarquías del Golfo, empezando por Emiratos Árabes Unidos, hacen que el Gobierno israelí necesite menos del apoyo de EEUU para llevar a cabo sus políticas en la región”.

Pero la narrativa desde Ankara es bastante clara al respecto: no hay tensión entre Turquía y EEUU por el supuesto control de la región, pese al paso adelante de Turquía por ocupar el vacío que deja EEUU, desde en Siria a Irak. "Las relaciones entre ambos son estructuralmente sólidas y ciertas diferencias relativas a los desarrollos regionales pueden ser diferentes. Pero no significa que Turquía sea el jugador principal, sino más bien un jugador secundario", resta importancia Hüseyin Bağcı, analista de la Middle East Technical University de Ankara. Insiste en que “Turquía y EEUU son miembros de la OTAN y tienen el objetivo común de detener a China y Rusia en esta región”.

Pulso a Macron

El Mediterráneo es otro cantar, y la pertenencia de algunos de los jugadores a la OTAN no ha rebajado los esfuerzos turcos. La lucha entre Grecia y Turquía por el control de los hidrocarburos en el Mediterráneo Oriental traspasó en agosto la línea de los despachos y empezó a desenvolverse mostrando atributos navales. El 6 de agosto, Grecia –archienemigo histórico turco– y Egipto –ahora gobernado por un general Al Sisi, en fuerte tensión con Ankara por el apoyo de ésta a los ilegalizados Hermanos Musulmanes – firmaban un convenio de explotación económica que contradecía el firmado en noviembre pasado por Turquía y Libia.

En Libia, Erdogan brinda su apoyo al Gobierno de Trípoli en su guerra civil contra el general Khalifa Haftar, (mariscal de las fuerzas del Gobierno en Tobruk) que está apoyado por Emiratos Árabes Unidos, Rusia y, aunque de manera menos explícita y pública, Francia.

Paris, con importantes intereses gasísticos en la zona y una de las voces más críticas con Erdogan, trasladó a la zona en disputa del Mediterráneo Oriental fuerzas navales y dos aviones de combate para equilibrar una balanza que caía a favor de Ankara en caso de una hipotética confrontación directa con Atenas. “Estamos viendo provocaciones por parte de un país que no tiene costa en el Mediterráneo oriental y que empuja a Grecia y Chipre a dar pasos equivocados”, protestó Erdogan mirando hacia el Palacio del Eliseo. Bruselas, por su parte, amenazó a Ankara con duras sanciones si no abandonaban las prospecciones gasísticas en la zona.

El convenio firmado por Ankara y Trípoli para la explotación de las aguas mediterráneas provocó que la sombra militar del máximo mandatario turco se alargara –de facto– hasta el norte de África. La ayuda militar no tardó en llegar: Ankara ha sido señalada por enviar drones, sistemas antiaéreos y hasta 10.000 mercenarios sirios a combatir en los frentes libios. Erdogan volvía a confrontar a Macron y Putin, ambos situados en el bando opuesto y en apoyo a Haftar.

En los acontecimientos ocurridos en la cuenca mediterránea “Estados Unidos está desempeñando un papel estratégico vital”, afirma Michaël Tanchum, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Navarra, a El Confidencial. Según afirma el analista, “Estados Unidos ha sido el poder silencioso detrás del telón que ha promovido el alto al fuego para el proceso hacia un Gobierno de unidad en Libia”. Para él, “Washington ha jugado de forma muy inteligente al incluir a Argelia” en unas conversaciones de paz que han decantado la balanza hacia el cese de las armas. En el Mediterráneo Oriental, por otra parte, también asegura que los Estados Unidos han movido los hilos para apaciguar las aguas en el pulso entre Turquía y Grecia, lo que ha llevado a una disminución en el enfrentamiento marítimo. Por lo tanto, en ambos enfrentamientos donde Turquía y Francia se encuentran en posiciones antagónicas, “Washington ha contribuido a ejercer de puente entre ambos países”, afirma.

La última guerra de Erdogan

Y la última del máximo mandatario turco recibe el apodo de 'Dos países, una nación', un lema con el que Erdogan ha querido referirse a su apoyo a Azerbaiyán en la guerra contra Armenia, que va más allá de lo estratégico.

El apoyo de Ankara a Bakú no solamente se traduce en el envío de aviones de combate y drones, también se les acusa del despliegue de mercenarios sirios y libios alineados con Ankara.

Después de encenderse la mecha durante el mes de septiembre, el máximo mandatario turco fue firme en su apoyo al país azerí. “Turquía seguirá estando del lado de su hermano y amigo Azerbaiyán con todos sus medios y su corazón”, dijo Erdogan, a la vez que recalcaba el amor de Turquía por su hermano pequeño.

Y en esta relación, las apariencias dicen que él es el que lleva la voz cantante en el conflicto. Ante la tentativa de un alto al fuego que desencadenase un acuerdo entre los dos países enfrentados, Erdogan también fue firme en aconsejar al máximo mandatario azerí que rechazase la demanda: “dado que Estados Unidos, Rusia y Francia han descuidado este problema durante casi 30 años, es inaceptable que estén involucrados en la búsqueda de un alto al fuego”. Todos estos países, integrados en el proceso de Minsk, han tenido palabras de rechazo por la guerra que se está desencadenando y por el apoyo turco al Gobierno azerí. Erdogan, por lo tanto, ya ha sumado otro frente a una lista de conflictos que no cesa.

Fuente: El Confidencial

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