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El Centro Criptológico Nacional (CCN), dependiente del CNI, reconoce en su propia página web las características que, según este organismo, se deben dar para considerar «a una plataforma de comunicación como potencialmente desinformativa».

Entre esas características, el denominado sacásticamente “observatorio para la desinformación” Elisa considera que la «falta de transparencia u ocultación de la fuente» (algo fundamental en el periodismo de investigación) llevan a “pensar” que el medio o la plataforma propicia la propagación de desinformación… y por lo tanto hay que espiarles como un “peligro para la seguridad nacional”. Un punto que choca de lleno con el artículo 20 de la Constitución española que trata sobre el derecho a la información y que expresa claramente el secreto profesional que ampara a los informadores, en este caso a los periodistas.

Elisa 

El Centro Criptológico Nacional, coordinado por la guarida de los anacletos, el CNI, ha desarrollado un “protocolo” de actuación para investigar las «plataformas digitales» o «canales de comunicación» que divulguen noticias «descontextualizadas» -según sus criterios- y «erosionen» la «confianza en las instituciones públicas». El protocolo se llama Elisa y es el mismo departamento y el mismo mecanismo que acaba de identificar parte del programa de Vox como una «amenaza directa» a las «instituciones democráticas».

La plasmación en un documento –que conocemos gracias a OKDIARIO- del plan de acción contra la «desinformación» refleja a la perfección las polémicas declaraciones del general José Manuel Santiago de la Guardia Civil, que se refirió a este tipo de censura en el inicio del coronavirus y cuyas declaraciones el Gobierno tachó de desliz y de irreales.

 

«ELISA considera que el fenómeno de la desinformación surge de la combinación de tres elementos:
-Falta de transparencia u ocultación de la fuente.
-Distribución recurrente y sistemática de noticias falsas, manipuladas o descontextualizadas.
-Distribución recurrente y sistemática de narrativas basadas en erosionar la credibilidad de los principales pilares que sustentan el contrato social y la cohesión de un Estado democrático:

 

 

-Confianza en el pensamiento científico
-Confianza en las instituciones públicas nacionales.
-Confianza en las instituciones públicas multilaterales.
-Confianza en el sistema económico y financiero
-Confianza en los medios de comunicación tradicionales.
-Respeto al pluralismo y la cohesión social de un país”.

 

Es evidente que para cualquier amante de la libertad, cualquier disidente de este régimen basado en el nepotismo y la corrupción, es un objetivo de estos señores, convertidos ya en un auténtico peligro para la nación

Hay que recordar que no revelar la fuente es un derecho de los periodistas garantizado internacionalmente para afianzar la protección de las fuentes. Dicho de otra manera: la primera condición es fácilmente constatable en buena parte de las informaciones.

Con respecto a la segunda condición, deja en manos de un organismo del Gobierno la consideración de qué información es «descontextualizada», sin el más mínimo control judicial.

Con respecto a la tercera condición, se incluye factor negativo la «erosión» de la «confianza en las instituciones públicas nacionales», algo que perfectamente puede encajar en el derecho a la crítica. El texto del CCN añade que «ELISA no considera como potencialmente desinformativoscanales de comunicación únicamente porque sean anónimos, porque tengan una visión antisistema o crítica con las instituciones, porque defiendan una determinada ideología en el marco de la legalidad, o porque publiquen información no veraz. El objetivo de ELISA es detectar aquellas plataformas digitales que presenten al mismo tiempo y de manera sistemática una combinación de las tres características antes citadas: (falta de transparencia, publicación de noticias falsas y narrativas antisistema destinadas a erosionar el contrato social y la cohesión social en las democracias)».

El organismo confirma que «para ello, se han establecido una serie de indicadores que miden y establecen de una manera “objetiva” (esto debe ser para que nos ríamos) la concurrencia de estas características en una plataforma de comunicación. En función de la mayor o menor concurrencia de indicadores propios de la desinformación, ELISA determina si un medio tiene más o menos posibilidades de ser desinformativo».

Hay que recordar que el general José Manuel Santiago de la Guardia Civil aseguró en una polémica rueda de prensa que trabajaban para «minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno» cuando respondía a una pregunta sobre los bulos. El Gobierno aseguró que no era así y que se trataba de un desliz. Pero ahora esa idea aparece plasmada en un documento oficial.

Señalar a Vox por su Antiglobalismo 

El informe que dio a conocer OKDiario aparece elaborado con fecha del pasado 30 de septiembre. Lo ha desarrollado el ‘Observatorio Digital Elisa. Laboratorio para el Análisis de la Desinformación (Antiglobalismo)’. Y carga contra las tesis que critican el avance de unas «élites globales» que se superponen a los países por ser una de las «narrativas maliciosas más frecuentes». El texto del documento destaca que «a continuación, se detallan las narrativas maliciosas más frecuentes, según las fuentes digitales potencialmente maliciosas, analizadas por el Observatorio Digital ELISA, tanto en España como en el extranjero».

La primera es el «antiglobalismo», una idea que Vox no ha dejado de repetir en sus intervenciones.

Ya lo avisó el nº 2 de la Guardia Civil en abril: «Trabajamos para minimizar el clima contrario al Gobierno»

El general José Manuel Santiago, actual jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, desveló en una rueda de prensa el 19 de abril –cuando era el número 2 de la Benemérita– que el instituto armado trabajaba para «minimizar todo ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno» de Pedro SánchezPablo Iglesias.

El denominado protocolo Elisa no hace otra cosa más que plasmar en un documento –publicado por OKDIARIO- el plan de acción contra la «desinformación» que anticiparon las polémicas declaraciones del general José Manuel Santiago, que se refirió a este tipo de censura en el inicio del coronavirus y cuyas declaraciones el Gobierno tachó de desliz y de irreales.

El pasado 19 de abril, en pleno estado de alarma y con la pandemia causando estragos, el general de la Guardia Civil compareció junto al resto de responsables policiales y sanitarios que integraban el comité técnico de gestión de las crisis del coronavirus para dar cuenta de la gestión de la pandemia.

Santiago explicó que la Guardia Civil realizaba la labor de defensa del Ejecutivo en base a dos líneas de trabajo de la Jefatura de Información de la Guardia Civil. Por un lado, la de «minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno» y en «evitar el estrés social que persiguen los bulos».

El Gobierno, según detallaron varios de sus miembros en ruedas de prensa, trabajaba intensamente para poner coto a la desinformación. En definitiva, para acallar en las redes sociales a aquellas personas que criticaban su gestión. Un objetivo confirmado por uno de los máximos responsables de la Guardia Civil y que dejan al descubierto el ataque a la libertad de información que persigue Moncloa.

Aquella revelación se complementa ahora con el denominado protocolo Elisa, mucho más ambicioso, y que recala en manos del Centro Criptológico Nacional, coordinado por el CNI.

Repetimos… ¿Para quién trabaja el CNI? Para los españoles está claro que no…

Análisis: El término "teoría de la conspiración": una invención de la CIA 

La 'teoría de la conspiración' es un término que infunde miedo y ansiedad en los corazones de la mayoría de las figuras públicas, en particular de periodistas y académicos. Desde la década de 1960, la etiqueta se ha convertido en un dispositivo disciplinario que ha sido abrumadoramente efectivo para dejar ciertos eventos como fuera de los límites de la investigación o el debate. Especialmente en los Estados Unidos, plantear preguntas legítimas sobre narrativas oficiales dudosas destinadas a informar a la opinión pública (y, por lo tanto, a la política pública) es un crimen de pensamiento importante que debe ser cauterizado de la psique pública a toda costa.

Fue la Agencia Central de Inteligencia la que jugó el papel más importante en el uso efectivo del término como arma. En la oleada de escepticismo público sobre las conclusiones de la Comisión Warren sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy, la CIA envió una directiva detallada a todas sus oficinas, titulada "Contrarrestar las críticas al informe de la Comisión Warren".

El despacho jugó un papel definitivo al hacer del término "teoría de la conspiración" un arma que se debe utilizar contra casi cualquier individuo o grupo que cuestione los programas y actividades cada vez más clandestinas de los gobiernos.

“Este importante memorando y sus amplias implicaciones para la política estadounidense y el discurso público se detallan en un libro de próxima publicación del científico político de la Universidad Estatal de Florida Lance de Haven-Smith, titulado Teoría de la conspiración en Estados Unidos . El Dr. deHaven-Smith ideó el concepto de Crímenes de Estado contra la Democracia (SCAD) para interpretar y explicar la posible complicidad del gobierno en eventos como el incidente del Golfo de Tonkin, los principales asesinatos políticos de la década de 1960 y el 11 de septiembre.

El memorando establece una serie detallada de acciones y técnicas para "contrarrestar y desacreditar las afirmaciones de los llamados teóricos de la conspiración, a fin de inhibir la circulación de tales afirmaciones en otros países".

La agencia también ordenó a sus miembros que utilizaran recursos de propaganda para [negar] y refutar los ataques de los críticos. Las reseñas de libros y los artículos de fondo son particularmente apropiados para este propósito”.

El documento de la CIA 1035-960 delinea además técnicas específicas para contrarrestar los argumentos 'conspirativos' que se centran en los hallazgos de la Comisión Warren. Hasta el día de hoy, los medios de comunicación corporativos, los comentaristas y los líderes políticos han difundido estas respuestas y su combinación con la etiqueta peyorativa de forma rutinaria contra quienes exigen verdad y responsabilidad sobre eventos públicos trascendentales.

Hoy, más que nunca, las personalidades y los comentaristas de los medios de comunicación ocupan posiciones poderosas para iniciar actividades de propaganda muy parecidas a las establecidas en 1035-960 contra cualquiera que pueda cuestionar las narrativas aprobadas por el estado de sucesos controvertidos y poco entendidos.

El efecto sobre la investigación académica y periodística sobre eventos ambiguos e inexplicables que a su vez pueden movilizar la investigación, el debate y la acción públicos ha sido dramático y de gran alcance. Solo hay que mirar el creciente estado policial y la evisceración de las libertades civiles y las protecciones constitucionales como evidencia de cómo este conjunto de tácticas de intimidación sutiles y engañosas ha obstaculizado profundamente el potencial de una futura autodeterminación independiente y empoderamiento cívico.

Texto de “justificación” del Documento de la CIA 1035-960: Sobre las críticas al informe Warren 

1. Nuestra preocupación. Desde el día del asesinato del presidente Kennedy, se ha especulado sobre la responsabilidad de su asesinato. Aunque esto se debió durante un tiempo al informe de la Comisión Warren (que apareció a fines de septiembre de 1964), varios escritores han tenido tiempo de escanear el informe y los documentos publicados por la Comisión en busca de nuevos pretextos para hacerse preguntas, y ha habido una nueva ola de libros y artículos que critican las conclusiones de la Comisión. En la mayoría de los casos, los críticos han especulado sobre la existencia de algún tipo de conspiración, y muchas veces han dado a entender que la propia Comisión estuvo involucrada. Presumiblemente como resultado del creciente desafío al informe de la Comisión Warren, una encuesta de opinión pública indicó recientemente que el 46% del público estadounidense no pensaba que Oswald actuara solo. mientras que más de la mitad de los encuestados opinó que la Comisión había dejado algunas cuestiones sin resolver. Sin duda, las encuestas en el extranjero arrojarían resultados similares o posiblemente más adversos.

2. Esta tendencia de opinión es motivo de preocupación para el gobierno de los Estados Unidos, incluida nuestra organización. Los miembros de la Comisión Warren fueron elegidos naturalmente por su integridad, experiencia y prominencia. Representaban a los dos partidos principales, y tanto ellos como su personal procedían deliberadamente de todas las secciones del país. Solo por la posición de los Comisionados, los esfuerzos para impugnar su rectitud y sabiduría tienden a arrojar dudas sobre todo el liderazgo de la sociedad estadounidense. Además, parece haber una tendencia cada vez mayor a insinuar que el propio presidente Johnson, como la única persona de la que se podría decir que se benefició, fue de alguna manera responsable del asesinato. 

Insinuaciones de tal seriedad afectan no solo al individuo en cuestión, sino también a toda la reputación del gobierno estadounidense. Nuestra propia organización está directamente involucrada: entre otros hechos, aportamos información a la investigación. Las teorías de la conspiración con frecuencia han arrojado sospechas sobre nuestra organización, por ejemplo, alegando falsamente que Lee Harvey Oswald trabajaba para nosotros. El objetivo de este envío es proporcionar material que contrarreste y desacredite las afirmaciones de los teóricos de la conspiración, a fin de inhibir la circulación de tales afirmaciones en otros países. La información de antecedentes se proporciona en una sección clasificada y en varios anexos no clasificados.

3. Acción. No recomendamos que se inicie la discusión de la cuestión del asesinato donde aún no se esté llevando a cabo. Cuando la discusión está activa, se solicitan direcciones [comerciales]: 

a. Discutir el problema de la publicidad con [?] Y contactos de élite amistosos (especialmente políticos y editores), señalando que la Comisión Warren hizo una investigación tan exhaustiva como era humanamente posible, que las acusaciones de los críticos no tienen fundamento serio y que más la discusión solo juega en manos de la oposición. Señale también que partes del discurso de la conspiración parecen haber sido generadas deliberadamente por propagandistas comunistas. Insten a usar su influencia para desalentar la especulación irresponsable y sin fundamento. 

Segundo. Emplear recursos de propaganda para [negar] y refutar los ataques de los críticos. Las reseñas de libros y los artículos de fondo son particularmente apropiados para este propósito. Los anexos no clasificados de esta guía deberían proporcionar material de antecedentes útil para pasar a los activos. Nuestra estratagema debe señalar, según corresponda, que los críticos están (I) casados ​​con las teorías adoptadas antes de que la evidencia estuviese disponible, (I) políticamente interesados, (III) económicamente interesados, (IV) apresurados e inexactos en su investigación, o ( V) enamorados de sus propias teorías. En el curso de las discusiones sobre todo el fenómeno de la crítica, una estrategia útil puede ser señalar la teoría de Epstein para el ataque, utilizando el artículo adjunto de Fletcher [?] Y el artículo de Spectator como fondo. (Aunque el libro de Mark Lane es mucho menos convincente que el de Epstein 

4. En debates privados o en los medios de comunicación que no estén dirigidos a ningún escritor en particular, o al atacar publicaciones que puedan estar aún próximas, los siguientes argumentos deberían ser útiles…

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