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«Podría ser o podría no ser una segunda ola», afirmó Fernando Simón a mediados de agosto. En aquella época, la mortalidad en España se había vuelto a disparar, en concreto desde finales de julio, como informó ABC, pese a que el Gobierno se negaba a reconocer ese dato e incluso Pedro Sánchez preparaba las maletas para pasar unas largas vacaciones en Lanzarote y Doñana. Desde La Moncloa se ha intentado durante todo el verano quitar hierro a esta segunda sacudida de la pandemia, pero las cifras reales están ahí. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en la segunda ola iniciada en julio se ha producido un exceso de mortalidad de 6.363 personas, un dato que previsiblemente será bastante superior

cuando se actualicen las cifras de agosto. En total, los muertos durante la pandemia superan los 53.700, muy por encima de los 29.747 reconocidos de forma oficial hasta este fin de semana.

Desde que se desactivó el estado de alarma, el pasado 21 de junio, la estrategia del Gobierno de Sánchez cambió radicalmente y empezó a transmitir mensajes triunfalistas, como aquel «hemos derrotado al virus y controlado la pandemia», que lanzó Pedro Sánchez el 4 de julio en pleno ardor electoral. Luego Fernando Simón corroboraría, a mediados de julio, que los brotes estaban «controlados», algo que volvió a repetir, con algún matiz, a primeros de septiembre: «Los brotes están en general relativamente controlados». El pasado día 10 de septiembre, aseguró que la situación de la pandemia se había estabilizado en España, aunque pidió no lanzar las campanas al vuelo «porque sigue habiendo una incidencia importante». También el ministro de Sanidad acaba de presumir de la situación en España, que tiene una letalidad, según sus palabras, «de las más bajas de Europa».

El optimismo del Gobierno contrasta con unos datos que están a la vista de todos pero que siguen sin ser reconocidos por el presidente o por el Ministerio de Sanidad. Es una realidad incómoda para el Ejecutivo, que deja en evidencia el triunfalismo de Sánchez en julio, cuando llamó a no tener miedo, y en agosto cuando se tomó un intenso descanso estival, mientras se producían miles de muertes.

Desde finales de julio

Así, los datos objetivos que refleja el INE indican que el verano está siendo bastante más sombrío de lo que pretende hacer creer el Gobierno. Fue en la segunda semana de julio cuando la curva del exceso de mortalidad, los fallecimientos que se producen por encima de lo estimado según la media de años anteriores, cambió su tendencia y comenzó a subir de nuevo tras un periodo «valle». En la última semana de ese mes, la mortalidad estaba disparada otra vez, con 1.471 fallecidos, más de 200 al día. Agosto comenzó con 1.180 fallecimientos en la primera semana, y otros 1.101 en la segunda. Las semanas tercera y cuarta de ese mes (la 34 y 35 del año) registran cifras de 858 y 516 de exceso de mortalidad, pero son datos provisionales, a la espera de que el INE los actualice, según se reciba la información completa de todos los registros civiles de España.

En esta segunda ola, desde la segunda semana de julio hasta la última de agosto, el número total de fallecimientos es de 6.363, a falta de la actualización de los datos que llegan ralentizados por el verano, y que muy probablemente elevarán aún más la cifra. El Gobierno, sin embargo, solo reconoce de forma oficial 1.359 muertos desde esa segunda semana de julio hasta este momento.

En la primera ola, que abarcó desde principios de marzo hasta mayo, el exceso de mortalidad se situó en 48.410 personas. En total, la mortalidad que se ha producido desde el inicio de la pandemia se sitúa en 53.788 personas. Son 24.000 más de los que el Gobierno reconoce de forma oficial.

En el exceso de mortalidad del verano podría tener cierto peso otra circunstancia, como es el número de víctimas mortales en accidente de tráfico. Pero justamente este año ha habido menos muertos en la carretera que el año anterior, tanto en los meses de verano como en el conjunto de 2020. Entre el 21 de junio y el 10 de septiembre, se produjeron 254 fallecidos en las carreteras, frente a los 268 del año pasado, según datos del Ministerio del Interior. En lo que llevamos de año, ha habido 572 muertes en la carretera, hasta el 10 de septiembre. En el mismo periodo del año anterior fueron 741, un 23 por ciento más.

El parón veraniego

El exceso de mortalidad que se está produciendo a lo largo del año, en la primera ola y ahora en la segunda, está unido directamente a la pandemia. De hecho, el primer gran pico de esa mortalidad se produjo en la segunda semana de marzo, con 1.082 fallecimientos. Fue en esos días, después del fin de semana del 8 de marzo, cuando el Gobierno decretó el estado de alarma en toda España.

Pues bien, en la última semana de julio, después de que el presidente del Gobierno diera por «derrotado» el virus, el exceso de mortalidad, con 1.471 fallecidos, fue mayor que en la primera quincena de marzo, en la que se produjo el confinamiento de la población. Sin embargo desde el Gobierno se decidió no actuar. El 22 de julio, el Pleno del Congreso aprobó el paquete de medidas sanitarias impulsadas por la Comisión de Reconstrucción. Muchas iniciativas se quedaron sin desarrollar durante el parón veraniego, a la espera de que el Ejecutivo tomara la iniciativa, como denunció la oposición. El Gobierno había pasado de tener el mando único para hacer frente a la pandemia a dejar toda la responsabilidad a las comunidades, algo que confirmó Sánchez durante su primera comparecencia pública a la vuelta de sus vacaciones, ya a finales de agosto.

Los datos del INE y del Instituto Carlos III demuestran que la segunda ola tomó fuerza a partir de finales de julio, aunque no llegó a los niveles de máxima alerta de abril. En la primera semana de ese mes se alcanzó el momento más grave de la crisis sanitaria, con un exceso de mortalidad de 12.573 personas, según el INE.

Curva de fallecimientos

En esta segunda ola, aunque los datos sean provisionales todo parece indicar que desde finales de julio hasta bien entrado agosto la mortalidad se ha mantenido más o menos estable, sin sobrepasar los 1.500 fallecimientos por semana. En la próxima actualización de los datos se podrá comprobar si la curva de fallecidos ha empezado a declinar o bien se mantiene por encima de los mil muertos semanales.

La tasa de mortalidad (fallecidos por cada cien mil habitantes) en este segundo gran brote de la pandemia se sitúa por ahora en 13 personas, muy por debajo del impacto que tuvo entre los meses de marzo y mayo, cuando se alcanzó una tasa de 102, con un total de 48.410 fallecidos, según los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística.

Documentan 4 reinfecciones de la Covid-19 en Cataluña, una de ellas más grave que la anterior

Cataluña ha documentado cuatro casos de reinfección del coronavirus, uno de ellos un médico del Hospital de Palamós que ha debido ser ingresado en la UCI del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona), aunque su pronóstico es bueno y se espera su recuperación.

Así lo ha informado el doctor Bonaventura Clotet, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol, a la emisora RAC1, donde ha apuntado que los otros tres casos son coronavirus de carácter leve.

Por su parte, la jefa del Servicio de Medicina Interna del Hospital de Palamós, Roca Toda, donde ingresó en un primer momento el caso grave, ha explicado que este sanitario de su hospital tuvo una primera infección leve-moderada en marzo pasado y que en agosto ingresó en urgencias con otra mucho más grave que la anterior.

La situación del enfermo empeoró esta segunda vez y fue necesario intubarlo y derivarlo al Germans Trias i Pujol, donde permanece en la UCI, con "una evolución buena".

Toda ha indicado que se ha hecho un estudio epidemiológico del paciente, que se encontraba de vacaciones en el momento de recaer, y también se han hecho pruebas al personal del hospital de Palamós más cercano al enfermo, con resultados negativos.

"No sabemos dónde se ha podido contagiar", ha precisado Toda, que ha pedido, al igual que Clotet, que los sanitarios y la población en general no bajen la guardia ante el virus.

Otro fracaso: Israel vuelve a confinarse por completo tres semanas para frenar los contagios

Entre duras discusiones internas y muchas críticas externas y tras más de nueve horas de reunión, el Gobierno israelí ha aprobado el cierre en todo el país con el objetivo de frenar la segunda ola del coronavirus que ha causado más de 3.000 nuevos casos diarios en la última semana.

El segundo confinamiento en seis meses entrará en vigor el viernes, escasas horas antes del inicio de la festividad judía del año nuevo, y durará tres semanas "con opción de prórroga". Entre las medidas anunciadas esta noche por el primer ministro, Benjamin Netanyahu, la limitación de reunión a 10 personas en un lugar cerrado y 20 en uno abierto. Los ciudadanos además no podrán salir a más de 500 metros de sus casas.

De esta forma, quedará interrumpida la vuelta al colegio iniciada el pasado 1 de septiembre al tiempo que se profundizará el severo daño económico ya provocado por un virus que no sólo no se fue este verano, sino que volvió con una fuerza inesperada. Para limitar el impacto en la economía y en miles de pequeñas empresas, el "Gabinete Corona" tiene previsto aliviar el cierre en lo que respecta al empleo en el sector privado y preparar un paquete de ayudas. No está previsto que el aeropuerto Ben Gurion suspenda de forma completa sus actividades. En cualquier caso, el ministerio de Finanzas estima que el coste del nuevo confinamiento en sus parámetros aprobados alcanzará casi 2.000 millones de euros.

"El profesor Ronni Gamzu (encargado de la lucha contra el virus) y los expertos del sistema sanitario nos mostraron el pasado jueves la bandera roja. Son medidas difíciles y más durante las festividades pero de lo contrario el virus nos golpeará", justificó Netanyahu, que por un lado recibe críticas por la gestión sanitaria y económica y, por otro, elogios por el acuerdo de normalización de relaciones con Bahréin y Emiratos Árabes Unidos que firmará este martes en la Casa Blanca bajo el paraguas de su principal aliado político, el presidente estadounidense, Donald Trump.

El cierre general confirma el fracaso de la gestión del Ejecutivo, que contrasta con su éxito en la contención de la primera ola en marzo. El suspenso se debe a la rápida desescalada en mayo (incluyendo la amplia apertura de la economía y el regreso a las aulas), la ausencia de una estrategia clara para romper la cadena de contagios, la excesiva confianza del Gobierno que tras los comicios del pasado 2 de marzo se convirtió en una coalición de unidad en permanente desacuerdo interno, la falta de confianza de los israelíes hacia las autoridades debido al zig zag en la toma de decisiones y la sensación generalizada en la calle de que el virus era una enfermedad menor y superada lo que llevó a muchos a dejar la mascarilla en casa o en el bolsillo.

Según los datos actualizados este domingo por la tarde, 1.108 israelíes murieron por Covid-19 desde el pasado mes de marzo. El número de enfermos graves llega a 513 (139 bajo respiración artificial), mientras que el número de contagios en la jornada del sábado fue de 2.715.

Tras la reunión del Gobierno en la que cada ministro intentó aliviar el cierre en su sector, Netanyahu presumió de que su país "fue de los primeros en el mundo en entender la dimensión del peligro. El número de enfermos graves y muertos es de los más bajos en proporción a la población".

El ex director del Hospital Ijilov de Tel Aviv Gabi Barbash indica que "el porcentaje de positivos en las pruebas efectuadas en los últimos días gira en torno al 8%, mientras en la primera ola fue el 1 o 2%. El cierre reduce el porcentaje de nuevos enfermos pero no liquida el virus. Para ello se necesita como mínimo un mes".

CRISIS SANITARIA, ECONÓMICA Y POLÍTICA

La crisis sanitaria y económica se ha agravado también debido a la crispada situación social y política en Israel donde la formación del Gobierno entre el Likud (Netanyahu) y la mitad del bloque centrista "Azul y Blanco" (Benny Gantz) no ha reducido la división entre los seguidores y opositores al primer ministro en torno a su juicio por corrupción. Al contrario, la polarización es mayor. Desde hace doce semanas, su residencia oficial en Jerusalén es el escenario de manifestaciones de protesta. La autorización de las manifestaciones contra Netanyahu, que el sábado cumplieron su décimo segunda semana consecutiva en el centro de Jerusalén y pese al virus, enfrenta a los ministros de los dos bloques de la coalición.

El ministro de Vivienda, el ultraortodoxo Yaakov Litzman, presentó hoy su carta de dimisión en protesta por el cierre durante la festividades judías del año nuevo y Kipur en las próximas dos semanas y las limitaciones de aforo en las sinagogas. Su decisión, que no tiene efectos políticos, no es compartida por el resto de su partido "Judaísmo de la Torá" ni del otro partido jaredí Shas. En su dimisión, el que fuera ministro de Sanidad ha lanzado un duro alegato contra el encargado de la gestión del "Gabinete Corona" en los últimos meses, Dr. Ronni Gamzu.

Hace una semana, Gamzu vio cómo su programa "Semáforo" (diferencia las zonas del país en función del porcentaje de contagios) no fue implementado ya que Netanyahu cedió a la presión de los políticos ultraortodoxos para no aplicar limitaciones selectivas sobre las localidades con mayoría claramente religiosa que, como las ciudades árabes, son las más afectadas por el virus.

"Durante tres meses hicimos todo lo posible para evitar el confinamiento. Se trata de un día muy duro para Israel ya que estas limitaciones no son fáciles para la economía y la sociedad. No es agradable no poder celebrar las festividades en las próximas tres semanas con toda la familia ni con mucha gente en la sinagoga pero las circunstancias obligan a ello", afirmó el ministro de Sanidad, Yuli Edelstein.

Tras la maratoniana reunión con sus ministros y asesores en Jerusalén, Netanyahu se dirigió al aeropuerto de Ben Gurion para viajar a Washington donde, lejos de la crisis económica y sanitaria que atraviesa su país, firmará los acuerdos de paz con EAU y Bahréin.

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