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El Fondo de Inversión Directa de Rusia espera que una de las vacunas contra el nuevo coronavirus desarrolladas en ese país sea registrada antes de 10 días, según ha afirmado el jefe del fondo, Kirill Dmítriyev.

"En ese caso adelantaremos a todos los otros países, incluido a EE.UU.", dijo el responsable del fondo soberano en una entrevista en el canal Rossiya 24.

Según el funcionario, el volumen de la producción de esta nueva vacuna podría llegar a los 10 millones mensuales para finales de este año.

El ministro de Salud de Rusia, Mijaíl Murashko, confirmó el pasado sábado que se había completado la fase de ensayos clínicos de la vacuna elaborada por el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya en conjunto con el Ministerio de Defensa ruso y que se estaba preparando el paquete de documentos necesarios para registrar el medicamento.

Una vez se obtenga el certificado de registro, la vacuna empezará a suministrarse entre la población del país, primero entre los integrantes de colectivos especiales como médicos y maestros, mientras que una vacunación masiva está prevista para octubre, adelantó el ministro.

El Ministerio de Defensa señaló que los resultados de los ensayos mostraron inequívocamente el desarrollo de una respuesta inmune en todos los voluntarios, sin efectos secundarios, complicaciones o reacciones no deseadas.

Rusia planea empezar la producción de su segunda vacuna contra el covid-19 en noviembre

El Centro Estatal de Investigación en Virología y Biotecnología Véktor, con sede en la ciudad rusa de Novosibirsk, comenzará a producir una vacuna contra el covid-19 en noviembre, informó el director general del centro, Rinat Maksiútov.

"Esperamos iniciar la producción en noviembre de este año. Por lo tanto, ya a finales del año, o a comienzos del próximo, podemos hablar sobre la transición a la vacunación de al menos los grupos de riesgo con una transición posterior a la vacunación masiva", indicó Maksiútov en comentarios al canal ruso Rossiya 1.

Actualmente, la vacuna, desarrollada por el centro en Novosibirsk, está siendo sometida a ensayos clínicos. Previamente el ministro de Salud, Mijaíl Murashko, anunció que la vacunación será gratuita para los ciudadanos rusos, y que todos los costos de la campaña se financiarán mediante el presupuesto estatal.

Esta semana, Murashko confirmó que ya se completó la fase de ensayos clínicos de otra vacuna, elaborada por el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya en conjunto con el Ministerio de Defensa ruso. Una vez obtenga el certificado de registro del medicamento, la vacuna empezará a suministrarse entre la población, en primer lugar a los integrantes de grupos de riesgo como médicos y maestros.

Todos los voluntarios que recibieron la vacuna rusa contra el covid-19 desarrollaron inmunidad

Todos los voluntarios que recibieron la nueva vacuna experimental contra el coronavirus desarrollada por el Ministerio de Defensa ruso y el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya han presentado claros indicios de inmunidad contra el patógeno.

"En el hospital militar clínico Burdenko el 3 de agosto ha tenido lugar la revisación médica final de los voluntarios que participaron en las pruebas clínicas de la vacuna contra el coronavirus covid-19, llevadas a cabo por el Ministerio de Defensa junto con el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya", informó este lunes el organismo de Defensa, según citan medios locales.

Los voluntarios regresaron a la institución médica militar —donde se habían llevado a cabo los ensayos con humanos— al cumplirse el día 42 desde que recibieron la inyección para someterse a una revisación exhaustiva, tal y como establece el protocolo del experimento.

Sin efectos adversos

"Los resultados de las revisaciones han demostrado con claridad la existencia de una evidente respuesta inmunológica obtenida como producto de la vacunación", aseguran desde el Ministerio de Defensa.

Y precisan que "no se ha detectado ningún efecto secundario o desviación en el funcionamiento del organismo de los voluntarios".

Además, señalan que estos datos permiten afirmar que esa vacuna contra el covid-19 es segura y posee buena aceptación por parte del organismo.

Vacunación masiva

El pasado sábado, el ministro de Salud de Rusia, Mijaíl Murashko, ministro de Salud de Rusia, ha confirmado que se completó la fase de ensayos clínicos de la vacuna. E indicó que se está preparando el paquete de documentos necesarios para registrar el medicamento.

Se prevé que la vacunación masiva de la población rusa contra la infección por coronavirus empiece en octubre. Los primeros en vacunarse serán los integrantes de colectivos especiales como médicos y maestros.

Habrá más observaciones de pacientes vacunados", explicó Murashko, quien agregó que la vacunación masiva está prevista para octubre.

Rusia comenzará vacunación masiva y gratuita contra el COVID-19 en octubre

NIZHNI NÓVGOROD, RUSIA (Sputnik) — Rusia tiene previsto comenzar la vacunación masiva contra el coronavirus en octubre, anunció el ministro de Sanidad, Mijaíl Murashko.

"Planeamos que la vacunación masiva (...) comience en octubre", dijo a los periodistas.

Murashko informó que ya concluyeron los ensayos clínicos de la vacuna rusa contra el coronavirus elaborada por el Centro Nacional de Investigación Gamaleya del Ministerio de Salud de Rusia.

Ahora, dijo, se está tramitando su registro estatal.

El ministro indicó que los primeros en vacunarse serán los médicos y los profesores.

El ministro declaró, además, que la vacunación contra el COVID-19 en Rusia se aplicará de manera gratuita.

"Prevemos que la vacunación contra el coronavirus se financie íntegramente con cargo al presupuesto", dijo Murashko ante la prensa.

Esta semana la vice primera ministra Tatiana Gólikova afirmó en una reunión dedicada a la situación sanitario-epidemiológica en Rusia que las vacunas rusas desarrolladas en el centro Gamaleya y el centro ruso de virología y biotecnologías Vector se consideran las más prometedoras.

Gólikova comunicó que el registro estatal y el inicio de la fabricación de la primera se planea para agosto y septiembre próximos, y de la segunda, para septiembre y octubre.

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), actualmente unas 25 empresas del mundo están autorizadas para realizar ensayos clínicos de la vacuna y otras 139 están en la etapa de evaluaciones preclínicas.

Rusia finaliza las pruebas clínicas de una vacuna contra el covid-19

Mijaíl Murashko, ministro de Salud de Rusia, ha confirmado que se completó la fase de ensayos clínicos de la vacuna elaborada por el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya en conjunto con el Ministerio de Defensa ruso. Ahora se está preparando el paquete de documentos necesarios para registrar el medicamento.

Una vez obtenga el certificado de registro, la vacuna empezará a suministrarse entre la población. Los primeros en vacunarse serán los integrantes de colectivos especiales como médicos y maestros. "Habrá más observaciones de pacientes vacunados", explicó Murashko, quien agregó que la vacunación masiva está prevista para octubre.

El Ministerio de Defensa enfatizó que los resultados de los ensayos muestran inequívocamente el desarrollo de una respuesta inmune en todos los voluntarios, sin efectos secundarios, complicaciones o reacciones no deseadas.

El ministro de Salud también dijo que otra vacuna, desarrollada por el Centro Estatal de Investigación en Virología y Biotecnología Véktor en Novosibirsk, está siendo sometida a ensayos clínicos.

La semana pasada, el primer ministro de Rusia, Mijáil Mishustin, anunció que en el país 17 organizaciones científicas están desarrollando más de 25 vacunas distintas contra el nuevo coronavirus. Hasta el momento, Rusia ha contabilizado 845.443 casos positivos y 14.058 decesos por covid-19.

Rusia suministrará el medicamento contra el covid-19 Avifavir a siete países de América Latina

Rusia suministrará el fármaco Avifavir diseñado para los pacientes que padecen el nuevo coronavirus a Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Honduras y El Salvador, ha anunciado este lunes el Fondo de Inversión Directa de Rusia (RDIF).

El acuerdo sobre las ventas en siete países latinoamericanos fue firmado entre la compañía Kromis, perteneciente al RDIF y al grupo JimRar que creó el fármaco, y la compañía boliviana Sigma Corp S.R.L. el 29 de julio. El documento prevé el suministro de un mínimo de 150.000 unidades de Avifavir, y el socio boliviano recibirá la tecnología de la elaboración del medicamento.

El 29 de mayo, el Avifavir recibió un certificado de registro del Ministerio de Salud de Rusia y se convirtió en el primer medicamento contra el SARS-CoV-2 en el mundo que contiene el ingrediente activo favipiravir. Actualmente el fármaco está incluido en la lista oficial de pautas para la prevención, diagnóstico y tratamiento del covid-19 en el país.

¿Qué es el Avifavir?

Según las autoridades sanitarias rusas, el medicamento, que se basa en el antiviral favipiravir, "demostró una alta eficiencia" durante la primera etapa de los ensayos clínicos. En los primeros cuatro días de tratamiento, el 65 % de los 40 pacientes que tomaron Avifavir dieron negativo al covid-19 y para el décimo día, el porcentaje de pacientes que dieron negativo aumentó al 90 %.

No se trata de una creación totalmente rusa, ya que el favipiravir ya se utilizaba en Japón desde 2014 para tratar la gripe, pero ahora lo pueden fabricar no solo las compañías que contaban con la patente, sino todas las demás, una circunstancia que ha sido aprovechada por los científicos rusos.

El fabricante de Avifavir afirma que durante los ensayos clínicos el medicamento demostró su capacidad de interrumpir los mecanismos de replicación del nuevo coronavirus, aliviar los síntomas y reducir a la mitad el transcurso de la enfermedad en comparación con una terapia estándar.

En la primera etapa de la investigación participaron tan solo 60 personas, pero estas conclusiones se basan en tres ensayos clínicos independientes que se llevaron a cabo en 35 centros médicos de Rusia con la participación de 700 pacientes con el covid-19 en total.

Científicos revelan "una de las cosas más extrañas del nuevo coronavirus"

El SARS-CoV-2 —virus que produce la enfermedad que se ha cobrado la vida de casi 690.000 personas en todo el mundo— no parece ser "una máquina de matar", a pesar de que la tasa de mortalidad del covid-19, hasta el momento, es aproximadamente 10 veces mayor que la de la gripe, sugieren científicos de la Universidad de California en San Francisco (UCSF).

"Una de las cosas más extrañas de este nuevo coronavirus es que no parece ser increíblemente citopático, con lo que nos referimos a la muerte celular", declaró a Medical Xpress el profesor de la UCSF, Max Krummel.

"La gripe es realmente citopática; si se agrega [el virus de influenza] a las células humanas en una placa de Petri, las células estallan en 18 horas", dice Krummel. En cambio, cuando los investigadores de la UCSF agregaron en una placa de Petri con células humanas el virus SARS-CoV-2, muchas de las células infectadas no murieron en mucho tiempo. Krummel afirma que este hecho representa "datos bastante convincentes de que tal vez no estamos tratando con un virus muy agresivo".

Y, ¿por qué mueren pacientes con covid-19?

En la UCSF sospechan que la causa principal de la muerte de los pacientes con covid-19 puede ser su propio sistema inmunitario, que inicia un contraataque demasiado intenso al SARS-CoV-2.

Este contraataque —extraordinariamente complejo y que incluye muchas tácticas, células y moléculas— ha sido observado por los investigadores de la UCSF en más de 30 personas con covid-19 en el marco de su estudio COMET. De acuerdo con Krummel, un análisis temprano de los datos recolectados sugiere que los sistemas inmunes de muchos pacientes con covid-19 se movilizan de manera diferente y más agresiva contra el SARS-CoV-2 que contra los virus de la influenza, que causan la gripe.

Como resultado, los pulmones de los pacientes quedan "devastados", no solo por el virus, sino por esta "batalla inmunológica que salió mal", dicen los científicos. Esta respuesta inmune 'no autorizada' podría explicar por qué, alrededor del día 11 de una infección por covid-19 los pacientes a menudo desarrollan una neumonía grave conocida como 'síndrome de dificultad respiratoria aguda' o SDRA. Además, el proyecto COMET ha confirmado estudios anteriores sobre los daños que el nuevo coronavirus causa en otros órganos y sistemas del cuerpo de un infectado.

Actualmente, los investigadores de COMET están en busca de las terapias para el covid-19 que puedan controlar la respuesta excesiva del sistema inmunitario del paciente. Supone "una línea muy fina entre terapéutica y perjudicial", ya que una intervención incorrecta podría afectar el sistema inmunitario de tal modo que no sería capaz de luchar contra infecciones en general.

Análisis: Occidente vs. Rusia y China. ¿Quién hallará la cura para COVID-19?

Los países del mundo están inmersos en una carrera contrarreloj para hallar una vacuna para la COVID-19, pero, ¿quién se hará con los laureles primero?

Desde que apareciera la letal pandemia del nuevo coronavirus, causante de la COVID-19, en el mundo, son muchos los países, encabezados por las llamadas superpotencias, que quieren tomar la delantera para hallar una vacuna a fin de combatir sus estragos entre sus poblaciones; no obstante, surge la cuestión de quién de ellos será el primero en alcanzar el Monte del Olimpo, que, entre otras cosas, le aportará unos benéficos estratosféricos, tanto en el ámbito económico como en lo político, a nivel mundial.

La enfermedad de la COVID-19 se puede considerar la impericia de unos seres humanos que, al estar coexistiendo en una era de sobresalientes y constantes desarrollos, progresos y avances tecnológicos están, sin embargo, incapacitados a la hora de hacer frente a este letal patógeno, que, hasta el momento, ha causado la muerte de más de 677 000 personas alrededor del orbe.

En una coyuntura como la que sigue a esta pandemia global, son muchas las personas en todo el mundo que a diario siguen muy atentamente cualquier desarrollo que se diera en torno al proceso de descubrimiento y posterior producción de alguna vacuna que pudiera estar disponible en el menor plazo de tiempo posible, a fin de poder tratar los efectos nocivos del virus a nivel mundial.

Es posible que el ser humano del siglo XXI nunca se hubiera imaginado que, en el apogeo de la era de la nanotecnología o espacial, surgiera una enfermedad de estas características, que, en una carrera meteórica, pudiera provocar tanto la muerte en masa de miles de personas como, al mismo tiempo, que no hubiera una cura o vacuna definitiva para acotarla.

La expectación es máxima a nivel mundial para saber en qué momento y en qué lugar del globo terráqueo se anunciará la dicha del hallazgo de alguna vacuna que pudiera combatir el virus, puesto que la cantidad de proyectos de investigación en marcha en todo el mundo es muy alta y significativa en su género.

Entretanto, existe una seria competición entre los países más desarrollados o en vías de desarrollo del planeta para encontrar una cura lo antes posible, a fin de poder combatir la COVID-19. Es como si hubiera comenzado una guerra científica entre China y Rusia, por un lado, y Estados Unidos y Europa, por el otro, para obtener la vacuna contra el SARS-CoV-2.

Cada una de estas naciones está tratando de tomar la delantera en esta guerra científica y propagandística. Por supuesto, esta feroz rivalidad entre ellas, sin duda alguna, finalmente beneficiará a la población mundial por acelerar el proceso del hallazgo y la posterior producción en masa de la tan deseada vacuna que pueda, por fin, controlar la crisis sanitaria global.

Resulta que en la referida carrera propagandista es EE.UU. el que lidera el desarrollo de cualquier tipo de vacuna contra la mortífera cepa de la COVID-19, por contar con el mayor número de proyectos de investigación en marcha en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

De acuerdo con las últimas cifras facilitadas por la OMS, a día de hoy hay al menos 130 proyectos de investigación en curso sobre cómo combatir esta emergencia sanitaria global, con Estados Unidos a la cabeza, con 42 proyectos científicos, seguido por China, con 19.

Por supuesto, el hecho de que un país tenga una mayor cantidad de proyectos de investigación en marcha en sus laboratorios científicos no significa que pueda tener éxito a la hora de hallar una cura que le encumbre a la producción final de la vacuna de la COVID-19, no obstante, es muy probable que un país con una gran inversión, enfocado en un solo proyecto científico, logre un resultado más favorable para esta difícil empresa de la búsqueda de la producción en masa de algún tratamiento específico contra la letal enfermedad.

Debe tenerse en cuenta que, para analizar adecuadamente la situación de la producción de la vacuna para el coronavirus en Estados Unidos, también se deben considerar las características políticas y económicas de este país. Dentro del propio Estados Unidos existe una feroz competición entre diferentes compañías farmacéuticas, y el sistema capitalista en este país es tal que las compañías científicas, todas con iniciativa privada, que operan en esta nación, se ven como competidores serios entre sí, y lograr avances significativos en vías de desarrollo para la obtención de la referida cura de una de estas compañías viene significando el descrédito de la otra, así como la consecución de grandes sumas de beneficios económicos.

Una perspectiva tan tremendamente competitiva para tener acceso a más fondos de financiación en la fase del desarrollo de la vacuna para la COVID-19 es, de lejos, muy insuficiente en muchos otros países.

Por supuesto, mientras tanto, no debe olvidarse que la ingente inversión estadounidense en proyectos científicos de compañías privadas y campus universitarios es mucho mayor que la de otros países. Esta coyuntura es cierta no solo para la vacuna para el SARS-CoV-2, sino también para otros tantos campos científicos. De hecho, se puede decir que Estados Unidos no escatima esfuerzos a la hora de invertir y destinar fondos financieros para los proyectos de investigación y desarrollo.

Para entender mejor este punto, es necesario considerar que, en la Universidad privada Johns Hopkin, de Baltimore, situada en el estado de Maryland, se destinó unos 2,66 mil millones de dólares tan solo para proyectos de investigación en 2018 [1]. Mientras tanto, el Ministerio de Educación y Formación Profesional de España, en el marco de las dotaciones presupuestarias destinadas a esta área, designó 2722 millones de euros para el período 2019-2020 [2]. Sin embargo, el presupuesto no financiero en I+D+I (investigación, desarrollo e innovación) para investigación civil ascendió a 2845 millones de euros.

China, por su parte, destinó unos 2,17 mil millones de yuanes (311 mil millones de dólares) a I+D para proyectos de investigación [3] en 2019, mientras que el Ministerio de Educación de Irán, siendo un país en vías de desarrollo, asignó cerca de 1000 millones de dólares para el período comprendido entre 2020-2021.

Por lo tanto, en la comparación entre países para fabricar la tan ansiada vacuna para la COVID-19, la capacidad financiera de esas naciones también debe tenerse en cuenta, de lo contrario, la comparativa no sería lógica.

Si bien la industria farmacéutica de Irán ocupa el primer lugar en la región de Asia Occidental en cuanto a la producción de vacunas y medicamentos, como pone de relieve el hecho de que en estos momentos está produciendo tratamientos en masa para combatir la plaga del virus, conforme sostiene la Cartera de Salud de dicha nación, considerando la mera cuestión del enorme potencial financiero y científico con el que cuentan las empresas de investigación occidentales, rusas y chinas, es muy posible que estas estén más cerca de lograr obtener una cura para controlar la propagación de la pandemia global.

En una visión general sobre los proyectos de investigación más importantes para la producción de la dosis necesaria para la vacuna para la COVID-19, se puede mencionar al equipo de investigación de la Universidad de Oxford (Reino Unido) como uno de los pioneros en este campo, junto al laboratorio chino Sinovac y el Centro Nacional de Investigaciones Epidemiológicas y Microbiología Gamalei, del Ministerio de Salud de Rusia.

El equipo de Oxford ya anunció en su día que estará listo para entregar la vacuna definitiva contra el letal virus a finales del año en curso. Los esfuerzos combinados de este equipo de investigación británico también han hecho aumentar el valor de las acciones de muchas de las empresas farmacéuticas occidentales.

Se sabe que las cuatro compañías biotecnológicas y farmacéuticas Moderna y Pfizer, ambas de EE.UU.; Oxford-Astrazenka, del Reino Unido; y BioNTech, de Alemania, son empresas asociadas entre sí que buscan ponerse por delante de sus competidores chinos y rusos en una carrera contrarreloj, a fin de adjudicarse la patente de la primera vacuna para la COVID-19 a nivel mundial, que les aportaría, sin duda alguna, unos beneficios económicos tan exorbitantes que serían muy difíciles de imaginar por el común de los mortales.

El Gobierno de EE.UU., presidido por el magnate Donald Trump, alcanzó un acuerdo de 2000 millones de dólares con los laboratorios Pfizer (estadounidense) y Biontech (alemán), para garantizarse 100 millones de dosis de una potencial vacuna para el coronavirus con previsión de aumentar dicho monto en 500 millones de unidades.

El laboratorio estadounidense Moderna, con sede en Massachusetts, por su parte, anunció recientemente que podría tener preparada una vacuna para la COVID-19 para principios del próximo noviembre, ya que sus científicos han iniciado la fase 3 de un ensayo clínico, una fase en la que participarán unas 30 000 personas en total de diferentes partes de Estados Unidos.

Las autoridades estadounidenses calculan que cientos de miles de dosis de vacunas seguras y efectivas para contrarrestar el letal virus llegarían al mercado norteamericano a principios de 2021. De esta manera, cualquier compañía farmacéutica que lidere la producción mundial de la cura conoce, de antemano, el interés de la Casa Blanca en la compra de todas y cada una de sus acciones bursátiles.

Esta actitud monopolista estadounidense también ha sido criticada por la comunidad internacional, pues sostiene que esta dinámica emprendida por la Casa Blanca permitirá que los países más ricos reciban la vacuna para la COVID-19 en un menor plazo de tiempo en comparación con aquellos países que cuentan con una menor capacidad de recursos económicos.

El Ejecutivo de Estados Unidos siguió exactamente la misma práctica monopolista con RemedSavir, cuando logró un polémico acuerdo con la farmacéutica Gilead Sciences para hacerse con todo el suministro mundial de los próximos tres meses de este medicamento, que, según parece, es uno de los más prometedores tratamientos para la COVID-19.

Entretanto, las empresas biofarmacéuticas chinas, que están a la vanguardia de los esfuerzos mundiales para crear una vacuna contra el coronavirus con más de media docena de candidatos en desarrollo clínico de una dosis efectiva, vienen informando de sus progresos científicos de tal modo que, de acuerdo con los medios estatales del gigante asiático, es probable que una de las vacunas en fase de prueba en los laboratorios locales pueda estar disponible para el gran público a finales del presente año.

De hecho, CanSino Biologics, con sede en Tianjín, cerca de Pekín (capital china), publicó los resultados [4] de un ensayo clínico en etapa inicial, que arrojan que su vacuna es segura y efectiva para poder desencadenar una respuesta inmune contra el virus.

Además, en la misma línea, el Grupo Farmacéutico Nacional de China (Sinofarm) anunció recientemente que la última fase de pruebas de ensayo clínico en seres humanos de la vacuna se completaría en unos tres meses.

Por otra parte, desde Rusia se ha anunciado que se están completando los ensayos clínicos para proyección de una vacuna para la COVID-19, desarrollada por el Instituto Nacional de Epidemiología y Microbiología Gamaleya del país euroasiático.

El ministro ruso de Salud, Mijail Murashko, afirmó el sábado, 1 de agosto, que ahora se están preparando los documentos para proceder al registro de la vacuna y que, en cuanto se finalice este proceso, se comenzará a inyectar a los trabajadores de la salud y los maestros; ambos grupos serán mantenidos bajo observación científica.

Murashko adelantó, asimismo, que otra proyección de la vacuna para el coronavirus, desarrollada por el Instituto de Virología Vector, se encuentra en etapa de ensayo clínico y agregó que están esperando los resultados de otras dos vacunas, para, posteriormente, ser probadas en voluntarios en los próximos dos meses.

Aun con todos los esfuerzos realizados y por realizar para producir la vacuna para la COVID-19 en el mundo, en una carrera contrarreloj, es muy pronto cantar victoria, a sabiendas de que los ensayos clínicos de la mayoría de estas dosis de las vacunas en vías de desarrollo por los laboratorios mundiales llevarán mucho tiempo en ofrecer un resultado positivo y efectivo.

En resumidas cuentas, el hecho de que algunas compañías biotecnológicas anuncien que lanzarán la ansiada vacuna antes de que finalice 2020 a menudo puede ser un truco publicitario para incrementar el valor de sus acciones bursátiles y, por lo tanto, no todas las declaraciones de esta índole, sean tanto provenientes de las compañas farmacéuticas de los países occidentales como si son de las empresas chinas y rusas, deben ser tomadas en serio por la opinión pública a nivel mundial.

Así pues, hasta que se descubra una vacuna efectiva para combatir los efectos nocivos de la COVID-19, sea cual sea su procedencia, no nos queda más remedio a los mundanos cumplir a rajatabla los protocolos de salud y no abandonar el autocuidado recomendado por las autoridades sanitarias mundiales.

Referencias:

[1]. R&D spending of Johns Hopkins University 2006-2018, by Erin Duffin.

[2]. http://www.educacionyfp.gob.es/ca/prensa/actualidad/2019/01/20190117-pge2019.html

[3]. Internal R&D spending in China 2009-2019, by C. Textor

[4]. Zhu, F.-C. et al. Lancet https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)31605-6 (2020).

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