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Todos habrán notado que la Conferencia de Berlín sobre Libia, organizada el domingo pasado sin la participación de Al Sarray o Haftar, tuvo una lista muy cuidada de invitados: Argelia, Egipto y Congo fueron invitados al evento, pero Túnez no. El objetivo obviamente era dividir a los vecinos inmediatos de Libia y hacer imposible una tregua. Especialmente dado que Túnez de Suaid se caracteriza por sus posiciones demasiado soberanistas y demasiado desconfiadas con respecto a la OTAN y EEUU

El 15 de enero, en una entrevista con la versión en árabe del grupo de televisión alemán, Deutsche Welle, el embajador tunecino en Alemania, Ahmed Chafra, no ocultó su sorpresa ante la ausencia de su país en la lista de los participantes Recordando que Túnez, actualmente miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, fue “el más afectado” por la crisis libia, el diplomático también se preguntó por las razones detrás de la decisión de Berlín que sigue, según él, un enfoque multilateral para la resolución de conflictos.

Sin participar en la cena de la conferencia, el eterno bombero pirómano de guerras que es el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, dejó repentinamente Berlín para regresar a su país. Se dice que su partida fue una reacción a “la acusación pública en su contra” de “enviar rebeldes sirios a Trípoli para apoyar al gobierno de Al Sarraj”.

Otra mala noticia esperaba a Erdogan y parece haber dado al traste con los planes promovidos durante la Conferencia de Berlín para el establecimiento de una tregua en el país. Cazas supersónicos MIG-23 del general rebelde libio Jalifa Haftar destruyeron un barco que transportaba armas turcas frente a las costas de Libia.

Hace unas horas, Avia.pro publicó información según la cual cazas supersónicos MIG-23 armados con misiles X-23 habían destruido un barco cargado con armas y municiones para el gobierno de la unidad nacional de Libia cerca de Trípoli. Se cree que el barco pertenecía a Turquía. Haftar había anunciado previamente que sus fuerzas estaban listas para hundir cualquier barco que intentara ingresar a las aguas territoriales de Libia sin su permiso.

Nueva escalada en Libia un día después de Conferencia de Berlín

Tras la Conferencia de Berlín, la paz en Libia sigue en un horizonte incierto. El conflicto condujo al aumento de los precios del petróleo.

Las fuerzas leales al mariscal Jalifa Haftar, que buscan apoderarse de la capital, Trípoli, asfixiaron los flujos de petróleo. Los precios del crudo subieron a su mayor nivel en más de una semana, luego de que dos importantes centros de producción comenzaran a cerrar en medio de un bloqueo militar.

El Gobierno reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) e instalado en Trípoli advierte sobre las consecuencias de esta nueva escalada, que amenaza con estrangular las finanzas del país. Insta a las potencias internacionales a convencer a Haftar a que ponga fin al bloqueo de los puertos.

Los nuevos acontecimientos se producen a solo un día después de la Conferencia de Berlín. Ahí y con la participación de líderes de Rusia, Turquía, Alemania, Italia y Francia, entre otros países implicados en el conflicto libio, se logró un acuerdo de alto el fuego.

La continuación del conflicto, sin embargo, oscureció la Conferencia de Berlín. De hecho, la negativa de los dos rivales directos, Fayez al-Sarraj y Haftar, a reunirse, ha dado espacio al escepticismo. Para la Unión Europea (UE), lo que se ve en el terreno es una tregua inestable.

Oposición turca condena políticas de Erdogan en Siria y Libia

El presidente del Partido Popular Republicano turco (CHP), Kemal Kılıçdaroğlu, afirmó que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, está cometiendo “grandes y graves errores en Siria y Libia sin justificación lógica”, y señaló que Erdogan aplica políticas exteriores que se corresponden con sus intereses personales.

“Erdogan destruyó los fundamentos de la política exterior que él personalmente controla a través de las fuerzas armadas y la inteligencia, y el nombramiento de personas cercanas a él”, dijo Kılıçdaroğlu durante una reunión del Comité Central del partido, refiriéndose a las intervenciones del régimen de Erdogan en los asuntos de Siria y su apoyo a los terroristas allí durante años.

Por su parte, el periodista turco Fikret Beyla confirmó que el jefe del régimen turco repite en Libia los errores que cometió en Siria hace nueve años.

“Erdogan está cometiendo ahora en Libia los mismos errores en Siria al apoyar a los militantes”, escribió Beyla en el sitio web de noticias turco (T24).

Análisis: La cumbre de Berlín no llevará la paz a Libia

Luis Rivas

El foro de Berlín sobre Libia no pondrá fin a un conflicto en el que los dirigentes de las dos partes enfrentadas se niegan a verse cara a cara y a firmar el cese el fuego auspiciado por países que defienden sus propios intereses en esa nación.

Políticos, analistas y editorialistas del llamado "mundo occidental" que antaño denunciaban a Estados Unidos como el gendarme del planeta se manifiestan ahora decepcionados por "el vacío dejado por Washington en ciertas regiones del globo". Este es el caso de Libia, donde diferentes países están implicados en el apoyo de una de las dos facciones que se disputan el poder en un conflicto armado que ha provocado ya más de 2.000 muertos y 160.000 desplazados, según la ONU.

Esas mismas voces que ahora añoran los buenos tiempos en los que Estados Unidos defendía sus propios intereses y, de paso, les libraba a ellos de perder vidas sobre el terreno, se indignan ahora con el papel que desempeñan diferentes países en Libia.

El derrocamiento a bombazos del líder Muamar Gadafi, a manos de "liberadores" occidentales dejó al país en manos de diferentes facciones que ocho años más tarde se reagrupan principalmente en dos entidades: el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), de Fayez Sarraj, reconocido por la ONU, y el autodenominado "Ejército Nacional Libio", dirigido por Jalifa Haftar, exdirigente militar exiliado por Gadafi, considerado como el verdadero "hombre fuerte" del país y del que se dice recibe apoyo de París y Moscú.

Sarraj y Haftar estuvieron presentes en la conferencia de Berlín sobre Libia del 19 de enero, pero se negaron a sentarse en la misma mesa e incluso en permanecer en la misma sala. Ello da una idea del escaso avance que permitió la reunión auspiciada por Angela Merkel, tras sus contactos en Moscú con Vladímir Putin.

Los cinco países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (Reino Unido, Francia, China, Rusia y Estados Unidos) se reunieron con otros actores clave en el conflicto: Alemania, Italia, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Argelia y Congo. El comunicado final de tal encuentro no puede ser más ingenuo.

Hablar de poner fin a la intervención extranjera cuando todos los participantes intervienen, de una u otra manera y van a seguir interviniendo en Libia, es una figura retórica obligada en la redacción de un texto final que no quiere admitir el escepticismo. El punto que hace referencia al "alto el fuego permanente" ya fue desmentido horas más tarde en los alrededores de la capital, Trípoli.

Siendo generosos y pacientes con los redactores del comunicado final, se puede dar un margen de confianza a la creación de un comité militar que vigile el respeto del alto el fuego firmado en Berlín.

Guerra de drones

Otro punto de los 55 que componen los acuerdos firmados en la capital alemana abogan por el fin de las operaciones aéreas en un conflicto que especialistas han definido como una "guerra de drones". Los Emiratos Árabes Unidos no desmienten el aprovisionamiento de misiles chinos al bando de Haftar; drones enviados por Ankara llegan en contenedores a Misrata para uso del Gobierno de Sarraj.

La recepción de material bélico no es un secreto, más bien forma parte de la propaganda. En mayo pasado, 58 vehículos blindados antiminas enviados por Turquía llegaban al puerto de Trípoli antes las cámaras de tv. Meses antes, un barco fletado por los EAU descargó en el puerto de Bengazi ametralladoras de 40 mm para las fuerzas de Haftar.

La pretensión de "disolver las milicias" es otro motivo de sonrisa sino fuera porque la situación es dramática desde el punto de vista humano. Este apartado está directamente ligado a otro, "el reparto equitativo de las riquezas", la tarea más difícil de llevar a cabo.

El presidente francés, Emmanuel Macron, que lleva intentando desde hace meses implicarse como mediador entre ambas facciones, criticó en Berlín el envío de mercenarios sirios pagado por Turquía. Son parte de las mismas fuerzas que Ankara utiliza en el norte de Siria para combatir a las milicias kurdas. Según publicó el diario británico "The Guardian", Ankara ofrece a cada combatiente sirio 2000 dólares al mes, asistencia sanitaria y pasaporte turco.

Recept Tayip Erdogan firmó recientemente un protocolo de cooperación militar y de seguridad con el Gobierno de Fayez Sarraj que le permite hacer prospecciones en busca de petróleo en zonas cercanas a Chipre ya las islas griegas. Un punto de discordia con Grecia por la disputa sobre soberanía marítima que quiso también utilizar en su favor Jalifa Haftar en su visita sorpresa a Atenas para buscar apoyo político contra Turquía.

País sin estado, rico en petróleo y objetivo geoestratégico

Negocio petrolero, mercado de armas, zona de influencia geopolítica, barrera de contención del yihadismo en el Sahel, Libia representa un objetivo clave en el Mediterráneo y en el Magreb para potencias de primer o segundo orden. Demasiado botín para ser repartido en paz. Demasiados intereses contrapuestos para llegar a acuerdos negociados.

Algunas voces empiezan ya a hablar de un conflicto similar al de Siria, con intervención directa o indirecta de varios países. La gran diferencia entre el caso libio y el sirio es que en Damasco existía un gobierno que no fue derrocado a pesar de las intenciones de algunas capitales occidentales, a pesar de los deseos entonces de Turquía y a pesar de la guerra proclamada por los islamistas del ISIS contra el Gobierno de Bashar Asad.

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