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Aunque Polonia, los países bálticos y varios países europeos no firmaron la iniciativa de Alemania de relanzar el control de armas y reanudar el diálogo con Rusia, no existen impedimentos para adoptar la declaración. Además, Trump puede influir en esta situación, escribe Nikita Golobókov en su artículo para el diario Vzglyad.

El 25 de noviembre, los titulares de los Ministerios de Exteriores de 14 países europeos llamaron a iniciar un diálogo sobre el control de armas en el continente. Según la prensa alemana, otros dos países —Portugal y Rumanía— iban a unirse a la iniciativa, pero no integraron la lista final.

Frank-Walter Steinmeier, ministro alemán de Asuntos Exteriores y promotor de dicha iniciativa, se pronunció también por un diálogo más amplio con Rusia. "Por difícil que sea nuestra relación con Rusia, necesitamos dialogar más, y no menos", insistió.

Hace varios meses, en agosto, Steinmeier causó sensación al aceptar la propuesta de Moscú de celebrar un "nuevo Tratado FACE" —Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa—, y reanudar de esta manera la política de distensión en el continente.

La iniciativa de Berlín fue criticada desde EEUU. Washington pronosticó que la idea estaba condenada al fracaso, porque supuestamente Rusia se negaba a cumplir los acuerdos ya existentes. Moscú, a su vez, reiteró que estaba listo para el diálogo, pero que no volvería a ser iniciador de este. Steinmeier señaló que la necesidad de un nuevo acuerdo es causada, entre otras cosas, por la carrera armamentista que puede volver a desencadenarse por el conflicto de Ucrania. Lo que puede provocar nuevas amenazas y socavar definitivamente la confianza entre Rusia y Occidente, asegura el ministro, citado por los medios.

La propuesta de los ministros, no obstante, no altera las decisiones de la Cumbre de Varsovia de la OTAN, señaló posteriormente la vicerepresentante del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, Sawsan Chebli. "Alemania no se niega a estas decisiones", afirmó, al tiempo que reconoció que "en los últimos años se enfatiza demasiado la disuasión", cita el autor a la funcionaria alemana. "Tenemos que hacer más para recuperar la confianza", añadió.

En la reunión en Varsovia, celebrada en julio, los líderes de la OTAN decidieron desplegar cuatro batallones multinacionales en los países bálticos y Polonia desde el año que viene. El representante permanente de Rusia ante la OTAN, Alexandr Grushkó, comentó que la decisión es contraria al acta fundacional Rusia — OTAN.

El presidente de la Academia de Problemas Geopolíticos, el coronel general Leonid Ivashov señaló que EEUU estaba en contra de esta iniciativa. Si con la llegada de Trump, se reduce la presencia militar estadounidense en Europa, las perspectivas de un acuerdo de este tipo aumentarán significativamente. "Tenemos que esperar hasta que Donald Trump asuma el cargo y determine su posición en relación con la OTAN y Europa", subrayó el coronel general, citado por el autor del artículo.

No hay obstáculos para un nuevo tratado

El jefe del Centro de Seguridad Internacional de la Academia de Ciencias de Rusia, Alexéi Arbátov no cree que la iniciativa de 14 países esté relacionada con la elección de Trump. "Es una simple reacción a los acontecimientos de los últimos años. Los países europeos están preocupados por los ejercicios cerca de la frontera con Rusia de ambas partes, por los vuelos cercanos de los aviones de Rusia de la OTAN", afirmó el experto. Según Arbátov, Moscú también está preocupado por el despliegue de las tropas de la OTAN cerca de sus fronteras. "Las partes quieren garantizar la seguridad de cada uno mediante la celebración de un nuevo tratado. No hay obstáculos objetivos para eso. Si Europa y Rusia quieren detener la escalada del conflicto y vivir en paz, tiene sentido reanimar el tratado", declaró.

Los resultados de la cumbre de la OTAN en Varsovia, según Arbátov, tampoco afectan directamente las perspectivas del contrato, puesto que la decisión lleva un carácter más bien simbólico, asegura el experto.

El 'regalo nuclear' que prepara la OTAN para Rusia

Asimismo, el analista político recuerda que el FACE no incluyó los países bálticos. "Por coincidencia histórica, los Estados bálticos no tienen cuotas nacionales ni regionales para adaptar el Tratado sobre las Fuerzas Armadas Convencionales", recuerda Arbátov. El experto opina que el nuevo tratado debería incluir estos países para determinar sus cuotas nacionales y territoriales y aclarar qué Ejércitos nacionales pueden ser desplegados en los países bálticos y cuántas tropas extranjeras pueden ser emplazadas allí. "Esto reduciría la preocupación de Rusia", señala.

Líneas divisorias

Sin embargo, el vicedirector del Instituto de EEUU y Canadá, el jefe del Fondo de apoyo a la reforma militar, el general mayor retirado Pável Zolotarev, por el contrario, sugiere que no se firme un nuevo contrato, sino se restauren las cláusulas del Tratado FACE, que suponen la ausencia de líneas divisorias.

"Durante este tiempo, se establecieron nuevos cordones. Tanto la Alianza, como Rusia empezaron a considerarse como lados opuestos. El nuevo contrato solo consolidaría la situación anormal actual", declara el experto.

Según Zolotarev, hay que partir del hecho de que la OTAN y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) no se oponen, no son bloques hostiles, es decir, hace falta avanzar hacia la superación de las contradicciones acumuladas, pero no reforzarlas. "La declaración del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán de que el acuerdo no anula la decisión de la Cumbre de Varsovia sobre el despliegue de cuatro batallones, simplemente confirma que el nuevo acuerdo va a marcar la presencia de confrontación", lamenta el militar.

¿Por qué la "propaganda rusa" fastidia a la Unión Europea?

Bajo este título, el diario oficialista chino Global Times encabeza su editorial del 24 de noviembre. Para el periódico, la coyuntura actual se caracteriza por la expectativa generada por la elección de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos y la sustancial mejora de las relaciones entre la potencia estadounidense y Rusia.

En respuesta a ese previsible acercamiento, se produce una nueva ronda de fricciones. Primero fue la acusación de una "postura militar agresiva" por parte de Rusia al desplegar misiles en su enclave de Kaliningrado en el Báltico. Al día siguiente, llegó la acusación hecha por el Parlamento Europeo, que aprobó una resolución para "contrarrestar" lo que dice es "propaganda anti-Unión Europea procedente de Rusia".

Lo interesante del episodio es la mirada del Gobierno chino. Se pregunta: ¿Por qué Occidente teme ahora a Rusia? En esa dirección, aparece la denuncia de que el Kremlin tuvo un papel decisivo en el resultado de las elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

El órgano chino sostiene que el problema no está en Rusia sino en el interior de Occidente y de modo muy particular en sus élites políticas y en los medios de comunicación que "han tratado durante mucho tiempo al mundo entero como su 'cancha' y siempre olfatean las protestas de los países no occidentales". En suma, Occidente está acostumbrado a intervenir en los asuntos internos de otros países. Lo extraño, ahora, es esa resolución para contrarrestar palabras de agencias de prensa.

Occidente se sentiría incómodo ante las denuncias de la prensa no occidental, en general, y ahora de la rusa, en particular. Global Times señala que el incidente es "un escenario dramático y ridículo".

Pero el punto central del argumento chino es que si bien creen que "Occidente es todavía fuerte", la protesta del Parlamento Europeo contra Rusia sugiere debilidad. El punto es que estamos en un mundo complejo y caótico, en el cual solo podrán avanzar los países que tengan "capacidad de resistencia y tenacidad cuando se enfrentan a dificultades". Al parecer, este es el punto débil de Estados Unidos y de la Unión Europea.

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