Un 10 de marzo de 1945 se producía en Tokio uno de los bombardeos más violentos de la Segunda Guerra Mundial. Centenares de aviones pesados estadounidenses descargaron una lluvia de bombas de napalm que desataron un incendio que acabó con la vida de unas 100.000 personas. Analizamos las razones de EEUU para emprender esta operación.

En el 75 aniversario de una de las grandes tragedias humanitarias de la Segunda Guerra Mundial, Sputnik te ofrece los detalles de la operación que convirtió Tokio en un infierno.

Los bombardeos estadounidenses de ciudades japonesas no eran algo nuevo desde la llamada Incursión Doolittle de abril de 1942. En un principio estos ataques eran poco precisos y se llevaban a cabo a la luz del día, lo que permitía un mejor rendimiento de la defensa antiaérea japonesa.

Eso cambió con la nueva táctica de Curtis LeMay, por la que se empezó a bombardear de noche y con napalm, que se convirtió en la nueva arma favorita de EEUU, tal y como detalla el presidente de la Sociedad Histórico-Militar de Rusia, Vladímir Medinski.

Así, en la noche del 9 al 10 de marzo de 1945, 334 bombarderos estratégicos B-29 de las Fuerzas Aéreas de EEUU pusieron en práctica la nueva técnica con resultados catastróficos para el país del sol naciente y, más concretamente, para la capital del país. El objetivo fue cuidadosamente seleccionado por su densidad poblacional y las estructuras de madera predominantes en los edificios del centro de la ciudad, lo que favorecería el incendio de la ciudad.

Y así fue: a pesar de los 42 aviones que derribó la defensa antiaérea japonesa, más de 1.700 toneladas de bombas incendiarias impactaron en Tokio y provocaron un inferno en la tierra: en palabras del experto, "se produjo un efecto embudo al fusionarse los diferentes focos del incendio (…) El aire caliente se mueve a velocidades huracanadas y la temperatura se eleva hasta casi los mil grados". Murieron entre 80.000 y 100.000 civiles y alrededor de un millón se quedó sin techo.

En términos militares, los historiadores suelen estar de acuerdo en que este desmesurado bombardeo no tuvo mucho sentido. De hecho, el propio Curtis LeMay se mostró crítico con la iniciativa tomada por sus fuerzas de bombardear a miles de civiles. Pero hay que entender esta decisión de EEUU como un movimiento puramente estratégico.

El objetivo principal de EEUU con esta operación era intimidar al que entonces era su aliado: la Unión Soviética. En el contexto bélico que se esperaba que marcara las relaciones tras la guerra entre Japón y la URSS y ante el imparable avance de los soviéticos —que amenazaban con invadir el país—, bombardear a miles de civiles en Japón podía contribuir a que Washington consiguiera su objetivo.

Y es que "hay que recordar que los estadounidenses no se diferenciaban mucho en lo que a brutalidad se refiere de los alemanes (…) Los bombardeos de Tokio, Dresde y otras ciudades pacíficas encajan perfectamente con la tradición estadounidense de librar la guerra. El asesinato en masa de civiles inocentes del país enemigo es aceptable si eso da un efecto militar rápido e intimida al oponente", manifiesta Medinski.

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